Dra. Martha Maricela Galicia Lira
En los últimos años, el mundo ha experimentado una transformación profunda en los procesos educativos, las dinámicas sociales y las formas de interacción. Las distancias se han reducido a un clic mediante una videollamada; la información circula con inmediatez a través de aplicaciones como WhatsApp, Telegram o Messeger; y el acceso a los acontecimientos ocurre en tiempo real mediante plataformas como Facebook, Instagram o “X”. Esta aceleración ha redefinido no solo la comunicación, sino también la manera en que las personas aprenden, se relacionan y construyen su realidad cotidiana.
Sin duda, nos encontramos ante un entorno caracterizado por la inmediatez. Diversas posturas coinciden en que este cambio se intensificó a partir de la pandemia por COVID-19, la cual detonó una transformación radical en las formas de comunicación y, simultáneamente, permitió que la educación trascendiera las limitaciones físicas, garantizando su continuidad en un contexto de crisis global.
Sin embargo, este avance no ha estado exento de consecuencias: también ha generado implicaciones significativas en la salud mental de estudiantes y docentes, particularmente en contextos atravesados por desigualdades tecnológicas.
En la actualidad, las plataformas digitales ocupan un lugar central en los sistemas educativos. De acuerdo con Swissinfo.ch (2023), más del 78% de la población mexicana es usuaria de internet; no obstante, este acceso presenta marcadas desigualdades entre zonas urbanas y rurales. Estas diferencias configuran una brecha digital que impacta directamente en las oportunidades educativas, evidenciando que el proceso de digitalización, lejos de ser homogéneo, se desarrolla de manera desigual y, en muchos casos, abrumadora para los sectores más vulnerables.
Paralelamente, emergen crecientes preocupaciones sobre el impacto de estas tecnologías en la salud mental, especialmente en estudiantes, quienes constituyen uno de los grupos con mayor exposición a entornos digitales (Twenge, 2019). Su participación constante en espacios virtuales —ya sea para la convivencia, el entretenimiento, el aprendizaje o el e-commerce— ha configurado una realidad híbrida en la que lo “offline” y lo “online” se entrelazan de manera permanente, redefiniendo las formas de interacción y los procesos de desarrollo personal.
Plataformas digitales y salud mental: una relación compleja
En este sentido, resulta evidente que el uso intensivo de plataformas digitales ha transformado profundamente los procesos de socialización y las dinámicas emocionales de los estudiantes. En el contexto mexicano, es cada vez más común observar a los alumnos portando dispositivos móviles con acceso a internet; sin embargo, su uso no siempre está orientado al aprendizaje. Por el contrario, en muchos casos se configura como un factor de distanciamiento de la vida social y académica, favoreciendo una conexión permanente que plantea interrogantes fundamentales: ¿con qué se conectan?, ¿con quién interactúan?, ¿y con qué propósito?
En este escenario, es posible que, aun estando físicamente rodeados de otras personas, niños y jóvenes experimenten el fenómeno conocido como “Fear of Missing Out” (FOMO), entendido como el miedo persistente a perderse de “algo” al estar desconectados o fuera del entorno digital (Hurtado, 2025). Esta condición refleja una dependencia emocional hacia la conectividad, que reconfigura las formas de presencia y pertenencia en la vida cotidiana.
Si bien la investigación latinoamericana reciente reconoce que los entornos digitales configuran espacios híbridos donde los sujetos construyen su identidad entre lo virtual y lo presencial (Barrón-Colin & Mejía-Alvarado, 2021), también emerge una cuestión crítica: ¿dónde se sitúan los límites entre lo real y lo imaginario?, ¿cómo se distingue la verdad de la representación en los entornos digitales? Estas interrogantes abren un campo de reflexión necesario sobre la construcción de la identidad y la percepción de la realidad en la era digital.
En este marco, diversos estudios en América Latina evidencian que el uso excesivo de redes sociales se asocia con afectaciones en la salud mental, particularmente en adolescentes y jóvenes. Una revisión reciente señala que estas plataformas pueden constituir un factor de riesgo psicosocial, al impactar el bienestar emocional, la autoestima y la regulación conductual (Ormaza Esmeraldas et al., 2024). Esto se relaciona con la construcción de identidades distorsionadas, donde los usuarios enfrentan dificultades para aceptarse, relacionarse y desarrollarse de manera auténtica en contextos reales.
Por su parte, investigaciones como la de Ramírez Dávila et al. (2024) destacan que el uso prolongado de redes sociales se vincula con alteraciones emocionales, niveles elevados de estrés y dificultades en el desempeño académico, lo que pone en evidencia la necesidad de abordar este fenómeno desde una perspectiva educativa integral y no únicamente tecnológica.
Asimismo, estudios recientes subrayan la relación entre adicción digital y salud mental. En población estudiantil, se ha identificado una asociación significativa entre el uso problemático de redes sociales y la presencia de síntomas de ansiedad y depresión (Nuñez Rojas, 2024). En el contexto mexicano, Valencia-Ortiz et al. (2021) advierten que el uso compulsivo de estas plataformas se ha normalizado entre los estudiantes, incrementando los riesgos psicoemocionales y afectando directamente la dinámica educativa.
Cabe señalar que, en América Latina, diversas investigaciones coinciden en que no solo la cantidad de uso, sino también el tipo de interacción digital, influye en la salud mental. En este sentido, León Rodríguez y Aguilar Mejía (2024) plantean la necesidad de analizar este fenómeno desde una perspectiva más compleja, incorporando variables contextuales como las crisis sociales, el entorno familiar y las condiciones educativas.
En conjunto, la evidencia latinoamericana refuerza la idea de que el impacto de las plataformas digitales en la salud mental es multifactorial, situado y profundamente condicionado por el contexto sociocultural, lo que exige respuestas educativas integrales, críticas y contextualizadas.
Brecha digital en México: un condicionante estructural
Ciertamente, la brecha digital no solo limita el acceso a las plataformas, sino que también condiciona la forma en que estas inciden en la salud mental. Desde esta perspectiva, podría parecer —de manera paradójica— que la ausencia de estos avances tecnológicos representa una “ventaja”, al permitir que niños y jóvenes mantengan formas de interacción más vinculadas a la vida social directa y se distancien, en cierta medida, de la hiperconectividad propia de los entornos digitales. No obstante, esta visión resulta simplista si no se analizan las implicaciones estructurales de la exclusión digital.
En el contexto mexicano, investigaciones recientes indican que el uso de redes sociales en estudiantes universitarios presenta una clara dualidad: por un lado, facilita la comunicación, el acceso a la información y los procesos de aprendizaje; por otro, genera efectos negativos cuando no existe una regulación adecuada ni un acompañamiento formativo (González Cancino et al., 2024).
De manera complementaria, estudios latinoamericanos evidencian que, en contextos de desigualdad, el uso de tecnologías puede intensificar las condiciones de vulnerabilidad, especialmente cuando los estudiantes carecen de competencias digitales y de orientación pedagógica para su uso crítico (Arguello et al., 2025). En estos casos, la tecnología no reduce las brechas, sino que puede profundizarlas.
En consecuencia, la brecha digital trasciende la dimensión del acceso tecnológico y se configura también como una brecha pedagógica y emocional, que incide directamente en las oportunidades de aprendizaje, en la calidad de las interacciones y en el bienestar integral de los estudiantes.
En este escenario, el desafío ya no radica únicamente en comprender el fenómeno, sino en actuar de manera decidida y articulada. Resulta crucial generar herramientas integrales que, desde lo pedagógico, el ámbito familiar y las ciencias de la salud, permitan prevenir la adicción digital y promover un uso consciente, ético y equilibrado de la tecnología.
Al mismo tiempo, se vuelve impostergable avanzar en marcos normativos que regulen el uso de dispositivos en los centros escolares, no como una medida restrictiva, sino como una estrategia de protección del bienestar y del proceso educativo. Hoy, el problema trasciende la salud mental y la calidad de los aprendizajes: el uso inapropiado de estos recursos ha abierto espacios para la violencia digital, afectando incluso al personal docente.
Si bien las redes sociales, la inteligencia artificial y la realidad aumentada han representado avances significativos, también han propiciado, en ciertos casos, procesos de deshumanización que erosionan la convivencia, la empatía y el sentido formativo de la educación. Frente a ello, la tarea es clara: humanizar la tecnología antes de que la tecnología termine por deshumanizar la educación.
Referencias
Arguello, A. G. L., Olmedo Zambrano, F. M., Ledesma Riera, L. M., & Criollo Turusina, M. A. (2025). Las redes sociales en los trastornos de la salud mental en estudiantes. Ciencia y Educación. https://doi.org/10.5281/zenodo.17034538
Barrón-Colin, M., & Mejía-Alvarado, C. A. (2021). Redes sociales y salud mental: vivencias digitales de alumnos universitarios. Revista CuidArte. https://doi.org/10.22201/fesi.23958979e.2021.10.19.78044
González Cancino, E., Ferreira Rodríguez, M. S., & Vázquez-Rangel, L. M. (2024). Balance del uso de las redes sociales en la salud de los estudiantes universitarios en México. Milenaria, Ciencia y Arte, (23), 73–76. https://doi.org/10.35830/mcya.vi23.487
Hurtado, M. (2025, diciembre 2). Qué Es El FOMO: Significado, Causas Y Cómo Superarlo. AGS Psicólogos Madrid. https://www.ags-psicologosmadrid.com/ansiedad/que-es-el-fomo/
León Rodríguez, D. A., & Aguilar Mejía, O. M. (2024). La medición del uso de redes sociales y su impacto sobre la salud mental durante las crisis sociales. Universitas Psychologica, 23, 1–3. https://doi.org/10.11144/Javeriana.upsy23.murs
Nuñez Rojas, R. (2024). Impacto de la adicción a redes sociales en la salud mental de estudiantes de medicina. Revista de la Facultad de Medicina Humana. https://doi.org/10.25176/rfmh.v24i4.6414
Ormaza Esmeraldas, E. D. C., Rodríguez Vásquez, M. P., De la Paz Rosales, M. T., & Nieves-Lizárraga, D. O. (2024). Redes sociales y salud mental adolescente: una revisión de la literatura. Revista Científica de Salud. https://doi.org/10.62486/agsalud202346
Ramírez Dávila, J. C., Vargas Flores, A. C., & Ramírez Dávila, J. (2024). Influencia de las redes sociales en la salud mental de estudiantes universitarios. Hacedor. https://doi.org/10.26495/r373tx19
Swissinfo.ch, S. W. I. (2023, junio 19). La población mexicana usuaria de internet ascendió hasta el 78,6 % en 2022. SWI swissinfo.ch. https://www.swissinfo.ch/spa/la-poblaci%c3%b3n-mexicana-usuaria-de-internet-ascendi%c3%b3-hasta-el-78-6-en-2022/48603456
Valencia-Ortiz, R., Cabero-Almenara, J., & Garay Ruiz, U. (2021). Adicción a las redes sociales en estudiantes mexicanos: percepciones de discentes y docentes. Revista Tecnología, Ciencia y Educación, (19), 103–122. https://doi.org/10.51302/tce.2021.616

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