Libera tu potencial

Dr. Jorge Gutiérrez Alfonzo

La plática se originó por el oficio enviado mediante la dirección de la escuela. La actividad se tendría que realizar entre dos academias. La academia de promotoría deportiva y la de matemáticas; el propósito, fortalecer la Jornada Nacional por la Paz y contra las Adicciones. Dentro de las propuestas estaba la de atletismo. Se programaron las pruebas de pista: 75 metros planos, 200 metros planos y relevos 4×75 m., ramas varonil y femenil. Gemini ayudó a diseñar el cartel. La idea era persuadir a los estudiantes de los diferentes semestres a que participaran.

El maestro de Educación Física se encargó de enseñarles las especificaciones del atletismo. No existió gran emoción, como esperaban los organizadores, y la pregunta surgió: ¿Cómo llamar la atención de los estudiantes? El maestro de matemáticas propuso lo siguiente: ¿Y si los alumnos que no van a participar realizan otras actividades? Por ejemplo, obtener masa corporal de los estudiantes, estatura y el tiempo en cada prueba. El maestro expuso su hipótesis en el salón de clases. Los alumnos y alumnas con mayor estatura y menor masa corporal serán los y las ganadores. Los estudiantes sonrieron, se mostraron escépticos; posiblemente estaban en el instante donde se iban a conectar para aprender; la conexión no se produjo con la duración debida. El interés por terminar la otra tarea fue más fuerte que el seguir hablando de un deporte que no es comercial, esto es, no existen competencias deportivas que se transmitan por televisión; solo se les ve en los juegos olímpicos, cada cuatro años, y tristemente, desde hace tiempo ya no hay competidores mexicanos que nos representen a nivel mundial.

Querido lector querida lectora, si llegó a esta parte del texto es porque algo le interesó o simplemente porque les gusta leer. Si fue lo primero es que tiene usted un Tiempo Efectivo de Aprendizaje (TEA), se interesó en algo, quizás saber, por curiosidad, cómo dos maestros acordaron realizar la actividad o a lo mejor le gusta el atletismo y algo existió para que se conectara con la lectura. En el salón de clases es difícil mantener más de 10 minutos del tiempo efectivo de aprendizaje. Pueden estar los alumnos trabajando en la actividad, pero la mente de ellos está fuera de contexto, no analizan lo que hacen, no se preguntan ¿Y si mejor lo realizo de esta manera? Ellos sólo trabajan porque se les dará un número por la actividad, una calificación. No indagan más allá de lo solicitado. No existe realmente un aprendizaje en ese tiempo destinado a esa iniciativa. Tienen la mente en otro espacio, realizan la labor por realizarla.

El problema es que se olvidó que la memoria es importante. Sin memoria no hay aprendizaje. No se puede traer agua de un pozo que está seco. Se confundió que unos son los términos de la memoria y otros los de aprender de memoria, y se dejó de utilizar la mente para guardar conceptos, fórmulas, pasajes, historias. No había que aprendérselo de memoria sólo aprender a recordarlo para cuando se necesitara. Como ocurre en estos tiempos, hay que recordar dónde guardaste los datos que te pueden servir en una acción.

Ahora, el TEA, tiempo efectivo de aprendizaje, dentro del aula, es difícil medirlo al instante. No se debe de confundir el tiempo que trabajan en la misión con el tiempo efectivo de aprendizaje; es algo que se pudiera medir con un examen en donde se le pida al alumno algunos detalles que pudieran arrojarnos qué realmente aprendió. Pero ahí viene la contradicción: se menciona que en el examen habría otros factores que alterarían realmente el TEA. En la tarea encomendada podrían vagar y no estar aprendiendo.

¿Existió algún alumno o alumna que indagara sobre cómo resolver los problemas matemáticos relacionados con el atletismo? ¿Las corredoras investigaron sobre alguna técnica, leyeron algún consejo de los profesionales? Los que tomarían las medidas de masa corporal, estatura, presión arterial antes y después de correr, los que tomaron los tiempos de llegada a la meta, ¿investigaron más allá de lo que se les proporcionó? ¿Tenían noción de lo que obtendrían porque ya habían leído o investigado? Si los mismos docentes se distraen al estar realizando una actividad, cuanto más los alumnos que viven situaciones específicas dentro y fuera de la escuela.

El sentir del maestro de matemáticas es que aún no se enseña a los alumnos a estar concentrados, a colocar la atención en lo que se lee y en lo que se hace. Si se trabajara en clases esta parte de la concentración, y fuera de ella, la educación en México sería mejor que la que se tiene.

Los problemas de la deficiente educación ya se mencionaron: no exigir mucho a los alumnos porque se estresan, no aplicarles examen de conocimientos porque tienen problemas y no es lo que realmente se sabe, y que no memorice porque no les sirve de nada. Es mejor que aprendan de manera significativa.

La realidad es que no aprendieron de manera significativa y se les olvidó utilizar la memoria. Fue lo mismo que pasó con el uso de la calculadora, se prohibió porque los estudiantes no aprenderían las tablas de multiplicar. En la actualidad, los alumnos no saben las tablas de multiplicar y tampoco saben utilizar la calculadora. Por eso hay que tener cuidado con prohibir los celulares dentro de las aulas. Porque dentro de pocos años los alumnos no aprenderán nada, no adquirirán conocimientos y no sabrán darle mayor utilidad al celular. El alumno sabe que el teléfono sólo sirve para chatear, ver memes, hacer llamadas y jugar. Todo esto no lo aprendió en ninguna escuela, lo aprendió por saber para qué le serviría. Porque la necesidad lo obligó.

La falta de Tiempo Efectivo de Aprendizaje es una muestra de una educación errática, sin rumbo, sin saber qué se desea. El maestro de matemáticas tiene dos ejemplos claros, extraídos de la vida real, sobre el TEA. El primero es referente a un trailero. Esta persona tiene que diseñar su ruta, no debe distraerse en ver el mapa para seguir a detalle, cruces, gasolineras, entre otros aspectos. Debe también verificar las condiciones mecánicas de la unidad: llantas, balatas, aceite, líquido de freno entre otros, y por último, el momento de ir en la carretera: no debe distraerse al manejar porque eso lo llevaría a tener un accidente y no llegaría a su destino. Examen para el alumno: si el trailero finaliza su ruta, su tiempo de aprendizaje fue eficiente; si no la concluye, el tiempo de aprendizaje fue deficiente.

El otro ejemplo del Tiempo Efectivo de Aprendizaje es de los restaurantes y bares en México. Como en el caso anterior, se empleó tiempo en diseñar las promociones para el evento futbolístico del verano: se empezaron a definir estrategias con los proveedores, todo estaba listo para tener una gran derrama económica en ese sector económico, no existía ningún solo error, lo aprendido (memoria) en otros eventos estaba más que afinado. Todo debía ser un gran éxito. Pero aquí quien falló fue el maestro (el organizador del evento): ¿qué fue lo que hizo? Cobró (y caro) el examen. Los interesados no van a demostrar que la memoria obtenida en eventos similares les dio la experiencia para tener un aprendizaje dizque de éxito.

El maestro de matemáticas no encontró respuesta efectiva en la actividad de atletismo. Por eso, con ayuda de copilot solicitó a sus alumnos una maqueta a escala (válgase la redundancia) de una ciudad matemática. ¿Qué tanto aprenderán los estudiantes los conceptos con la construcción de la ciudad matemática? ¿Cuánto Tiempo Efectivo de Aprendizaje tendrán?


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