DESDE NUESTRA TRINCHERA

Un año después…

Mtro. Héctor Daniel Estrada Pérez

Ha pasado un año que el virus nos confino y las reglas cambiaron para todos. Es real que no esperábamos que se alargara tanto el encierro, y sin embargo es el tiempo en que se empieza a vislumbrar una luz al final del túnel. Es ahora que ya se cuenta con vacunas contra la Covid-19, que se está pensando en el regreso a las clases presenciales en el país.

Aún y cuando durante mucho tiempo se deseaba, es ahora que, se ha vuelto una realidad, que surgen las nuevas dudas y los nuevos miedos, pues sí es cierto que la vacuna podrá ayudar a que el contagio disminuya y que en caso de que se contagie sea menor los padecimientos, también es cierto que, aún es largo el trecho que se debe de recorrer para poder alcanzar la vacunación al total de la población.

Aquí es entonces dónde inician las disyuntivas. Los maestros, maestras y el personal que labora en las instituciones de educación superior, estarán vacunados, sin embargo, eso no exime de que puedan llevar el virus, a casa, en dónde muy seguramente, muchos de los integrantes de la familia de los docentes, no tengan la misma suerte y si estén en eminente riesgo de poder ser contagiados. Entonces, la pregunta será ¿deben los docentes regresar a clases presenciales aunque estén vacunados y sus familiares posiblemente no?

Otra situación está en los alumnos y alumnas, y es que, aún y cuando parece ser que para los jóvenes y niños, los riesgos son menores, es un hecho que sí hay casos documentados en donde estas segmentaciones poblacionales, se han visto infectadas, aunque con síntomas menores. Sin embargo, surge una duda similar. Aún y cuando los jóvenes y niños, son menos vulnerables al virus, no quiere decir que no se vuelvan portadores o enfermos, y esta demás decir que esta población es la última en estar considerada en el esquema de vacunación, por ello, ¿deben ir a las clases presenciales los y las jóvenes, y los niños y las niñas, aún y cuando pudieran llevar el virus a sus respectivos hogares?

Hay un mucho que discutir en el tema y es que a un año de que la Covid-19 apareció en el país, es un hecho que no estamos preparados para lidiar con ella, no contamos aún con la educación, la civilidad, la cultura de salud y el adiestramiento para poder enfrentar al virus.

Las estrategias que hasta ahora se han presentado, si bien, parecen tener las mejores intenciones, se quedan cortan ante una sociedad cansada, fastidiada del encierro, dañada psicológicamente por la pandemia y con un tratamiento del tema tan personal, que es muy complejo pensar en que se pueda hacer valer y entender, protocolos de salud para enfrentar a la Covid-19 en las escuelas, cuando no hemos sido capaz de entender como sociedad, algo tan simple, como las ventajas y bondades del uso del cubre-bocas ante el virus, cuando la escena más frecuente en los últimos meses han sido las conglomeraciones en espacios cerrados y abiertos, se ha perdido, la cautela y el respeto hacia la pandemia.

En fin, a un año de la pandemia, podemos decir que ha habido muchos aprendizajes, que se ha logrado avances en nuevas formas de enseñanza, que se ha tenido que recurrir a lo más puro de la bondad de la profesión docente, a la real vocación de quienes enseñan y a la adaptación a un modelo educativo que ha sido invasivo desde el inicio, que ha consumido recursos particulares, ha aumentado las cargas de trabajo y ha invadido espacios privados, para poder salir avantes ante el reto que ha significado la enseñanza en tiempos de pandemia.

Esté número, va a la reflexión, del año que se ha presentado para la educación en pandemia. Los colaboradores, plasman cómo es que vislumbran el regreso a la clases presenciales. Qué tan preparados están para el hecho, y qué tan conveniente será.

Esperamos que sea de su agrado, y los invitamos a participar, por algunos de los canales que tenemos dispuestos para ello. Sean bienvenidos a la edición veintiuno de la Revista Edurama. Recordándoles que esté esfuerzo de todos los que participan en ella, es con la intención de proponer algo diferente en lo que se refiere a la educación académica, desde el mejor de los asientos, el de los protagonistas reales de la educación en el país.