Entre la sobreestimulación y la mediación: La regularización de dispositivos en preescolar como pauta de higiene pedagógica

Lic. Carla Daniela Lua Castillo

En la era digital, la discusión sobre el uso de dispositivos en las instituciones educativas suele inclinarse hacia la prohibición o el consumo desmedido. Sin embargo, en el nivel preescolar la auténtica higiene mental y pedagógica no surge del veto sino de la mediación consciente.

Al inicio de ciclo escolar con un grupo de tercer grado de preescolar, el diagnóstico inicial reveló que la tecnología ya formaba parte activa de su vida diaria. Las conversaciones de los niños giraban en torno a videojuegos, plataformas como YouTube, entre otros que estaban destinados al entretenimiento. A través de las entrevistas iniciales con las familias, se constató que, la mayoría de los alumnos tenía acceso a celulares o tabletas en el hogar por más de dos horas diarias, dedicadas en su mayoría al entretenimiento pasivo.

Dentro del aula este panorama se traducía en una alta atracción visual ante los recursos audiovisuales, pero también en una profunda curiosidad por interactuar físicamente con la computadora y otros dispositivos. Dejar que la tecnología actúe sin control prolonga la sobreestimulación, por el contrario, asumir la como un mediador pedagógico permite transformar esa atracción natural en un canal para el aprendizaje. Regularizar no es prohibir sino darle un sentido, un tiempo y sobre todo un propósito formativo a las herramientas tecnológicas.

Para lograr una verdadera higiene pedagógica la integración de la pantalla en el aula se estructuró bajo la visa “pantallas con propósito” y el equilibrio con el material concreto. El trabajo que se realizó abarcó tres aspectos importantes en la educación preescolar: motricidad, lectoescritura y pensamiento matemático. Esto a través de la gamificación, uso de la inteligencia artificial y aplicaciones pedagógicas: Se reorientó el uso de YouTube hacia sesiones breves de tres minutos para el desarrollo motriz realizando juegos interactivos, siguiendo comandos en inglés y ejecutando dibujos rítmicos. Mediante turnos los alumnos utilizaban la inteligencia artificial para analizar imágenes y para el fortalecimiento del pensamiento matemático y la lectoescritura se recurrió a aplicaciones como Leo con Grin, Todo Math y 123 numbers, sirviendo como espacio de ejercitación posterior al trabajo físico como bloques y trazos de grafías.

Esta propuesta se extendió al hogar mediante un acuerdo con las familias. A través de plataformas digitales, se enviaron capturas de pantalla con instrucciones detalladas para la descarga, configuración, creación de avatares y explicación del propósito pedagógico de cada apartado. Las familias enviaron evidencias en foto y vídeo, reportando un cambio positivo, ya que los niños comenzaron a solicitar voluntariamente las aplicaciones recomendadas con propósito educativo y sus conversaciones en la escuela pasaron del contenido de entretenimiento a las actividades o retos que realizaban en las aplicaciones.

Prohibir el uso de los distintos dispositivos electrónicos en el preescolar no resuelve el problema de la sobreestimulación digital, pues la tecnología es un elemento presente en el contexto familiar y social del niño. Ocultar la pantalla no enseña a autorregularse. A partir de esta experiencia vivencial se proponen dos recomendaciones clave para la comunidad educativa:

Dosificación y alternancia sensorial: Limitar el uso de dispositivos en el aula a un máximo de dos o tres veces por semana en tiempos acotados, garantizando que el estudiante alterne el entorno digital con la manipulación de materiales tangibles y el juego físico.

Intencionalidad pedagógica rigurosa: cada interacción con la pantalla debe tener un fin didáctico claro. Se debe evitar el uso del videojuego como simple relleno para no saturar la atención del niño.

En conclusión, la labor docente ante la era digital exige flexibilidad, innovación y capacidad de adaptación. Al tomar un recurso del contexto cotidiano de la niñez y dotarlo de un significado pedagógico, demostramos que el camino no es combatir contra la tecnología, sino orientar a las nuevas generaciones a utilizarla con propósito, equilibrio y sentido humano.


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