Entre pantallas y libros: enseñar a leer a los jóvenes del bachillerato hoy

Dra. Katya Flores Novelo

En un contexto educativo donde los jóvenes conviven permanentemente con tecnologías digitales, la enseñanza de la lectura enfrenta nuevos desafíos. A partir de la experiencia docente en educación media superior, este artículo reflexiona sobre cómo las herramientas digitales pueden convertirse en aliadas para fortalecer la comprensión lectora cuando se integran con una mediación pedagógica consciente

En cada inicio de semestre ocurre una escena que muchos docentes reconocemos. Frente al grupo, un nuevo conjunto de estudiantes abre por primera vez un texto en clase. Algunos hojean rápidamente las páginas, otros intentan concentrarse en silencio y algunos más miran de reojo su teléfono móvil. No se trata necesariamente de falta de interés, sino de una forma distinta de relacionarse con la información y con la lectura.

Después de más de quince años impartiendo la asignatura de Lenguaje y Comunicación en educación media superior, he podido observar cómo los hábitos lectores de los jóvenes han cambiado de manera significativa. Las generaciones actuales crecieron en un entorno dominado por la inmediatez digital, donde la información circula de manera fragmentada a través de redes sociales, videos breves y múltiples estímulos visuales que compiten constantemente por su atención.

En este escenario, enseñar a leer implica mucho más que trabajar con textos impresos o solicitar resúmenes. Significa acompañar a los estudiantes en el desarrollo de habilidades que les permitan detenerse, comprender, interpretar y cuestionar la información que reciben. La lectura continúa siendo una herramienta fundamental para el aprendizaje, pero también para la participación crítica en la vida social.

Sin embargo, este panorama no debe interpretarse únicamente como una pérdida del interés por la lectura. Más bien, nos invita a repensar las formas en que los jóvenes se acercan a los textos y las estrategias que los docentes utilizamos para acompañarlos en ese proceso.

Entre libros y tecnologías

Durante mucho tiempo, el debate educativo ha presentado una aparente oposición entre la lectura tradicional y las tecnologías digitales. Sin embargo, la realidad del aula demuestra que esta dicotomía resulta cada vez menos útil. Los estudiantes no viven en un mundo exclusivamente analógico ni exclusivamente digital; habitan ambos al mismo tiempo.

Por esta razón, más que rechazar las herramientas tecnológicas, resulta pertinente preguntarnos de qué manera pueden integrarse pedagógicamente al trabajo en el aula. En los últimos años, diversas plataformas digitales de lectura han comenzado a utilizarse como apoyo para fortalecer las habilidades de comprensión lectora. Estos recursos permiten acceder a textos diversos, ofrecer retroalimentación inmediata y adaptar las actividades al ritmo de aprendizaje de cada estudiante.

Cuando estos recursos se incorporan dentro de una estrategia pedagógica bien planificada, los resultados pueden ser significativos. En experiencias recientes desarrolladas con estudiantes de primer semestre, el uso de plataformas digitales de lectura se combinó con actividades de análisis textual, discusión colectiva y reflexión crítica. Los cambios observados no se limitaron únicamente al desempeño académico, sino que también se reflejaron en la actitud de los estudiantes hacia la lectura.

Muchos de ellos comenzaron a dedicar más tiempo a leer y a mostrar curiosidad por explorar textos distintos a los solicitados en clase. Este cambio sugiere que la motivación lectora puede fortalecerse cuando los estudiantes encuentran formas de interacción con los textos que resultan cercanas a su experiencia cotidiana.

Leer para comprender el mundo

A pesar de las posibilidades que ofrecen las tecnologías digitales, sería ingenuo pensar que estas herramientas por sí solas resolverán los problemas de comprensión lectora que enfrentan muchos estudiantes. La experiencia docente muestra que el elemento central del proceso educativo continúa siendo la mediación pedagógica.

Leer no consiste únicamente en decodificar palabras, sino en interpretar, relacionar ideas, cuestionar la información y dialogar con otros lectores. Por ello, el acompañamiento del docente sigue siendo fundamental para transformar la lectura en una experiencia significativa de aprendizaje.

En un mundo caracterizado por la sobreabundancia de información, la capacidad de leer críticamente se vuelve una competencia esencial para la vida democrática y la participación social. Formar lectores implica, por tanto, algo más profundo que mejorar indicadores académicos: significa ofrecer a los jóvenes herramientas para comprender la realidad que los rodea.

Las tecnologías digitales pueden contribuir a este propósito cuando se integran con sentido pedagógico. Pero el verdadero desafío sigue siendo construir comunidades lectoras dentro de las escuelas, espacios donde la lectura se comparta, se discuta y se convierta en una práctica cultural viva.

Más que elegir entre libros o pantallas, el reto educativo consiste en aprender a articular ambos mundos para formar estudiantes capaces de comprender, interpretar y transformar la información que reciben. En última instancia, enseñar a leer sigue siendo una de las tareas más profundamente humanas de la educación.


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