Cantinflear

Dr. Jorge Gutiérrez Alfonzo

A principios de los años 1970 se exhibió la película “El profe”, protagonizada por Mario Moreno “Cantinflas”: un profesor llega a un poblado en donde un cacique, por encima de la autoridad, era quien mandaba. La escuela estaba bajo un árbol; no había mesa bancos, todo era de lo más precario. Los alumnos asistían a ese lugar con una sonrisa deseosos de adquirir conocimientos. Con los pies sobre la tierra, la cual les daba energía, los estudiantes mostraban que disfrutaban la estancia; se trataba de un espacio considerado de paz y justicia.

El que se ilustra en la película es el nivel básico, que no difiere demasiado del medio superior; lo que se vive en los diferentes niveles educativos es similar. La escuela ya no es un espacio seguro. Muchas veces un adolescente encara situaciones de discriminación. Los jóvenes son vulnerables ante estudiantes que han enfrentado situaciones más difíciles afuera del aula. Un alumno que en su casa es criado con dureza y con voz fuerte, siempre será el que más molesta en el salón de clases. Ese menosprecio que recibe en su casa, lo libera en el salón de clases sobre todos sus compañeros o sobre los que puede someter. Muchas alumnas, muchos alumnos, no sienten que la institución los proteja. La falta de seguridad al saber a lo que se dedica el papá de cierto alumno o en qué trabaja ese mismo alumno será un motivo para no sentirse cómodos o cómodas.

En la película “El profe” se observa sólo varones; quizás la época era propicia para que así ocurriera. En la actualidad, existen escuelas en donde son más las mujeres que los hombres. Así también, existen aún padres de familia que piensan que las mujeres no deben estar en la escuela aprendiendo. Y sostienen su postura aún más cuando su hijo fue derrotado en un concurso por una mujer o una mujer tiene mejor promedio que su hijo.

Estos sentimientos vividos en el aula hacen que no se tenga un bienestar acorde con lo que desean las autoridades educativas. Hoy, los jóvenes van a la escuela porque no desean estar en su casa realizando labores de ayuda al padre o la madre. No les importa lo que puedan adquirir de conocimientos; para ellos, esa parte no está entre sus intereses.

El conocimiento lo pueden obtener de otra manera y más rápidamente. Las metodologías utilizadas en la actualidad no corresponden a los intereses de los jóvenes. Los proyectos promovidos sólo les sirven para aprobar la materia; los hacen sin pensar. Además, el cúmulo de tareas hace que no haya paz en ellos, viven afligidos queriendo cumplir con todos los maestros y las maestras. La justicia, no la perciben. Expresan que el reglamento escolar no se aplica a todos por igual o simplemente no se aplica por miedo a represalias de los padres de familia. Aun no se tiene o no se puede medir el grado de inseguridad en que se encuentra la escuela respecto a lo que se dedican los padres de familia.

La película tiene bien identificado ese aspecto: el principal enemigo de la educación es el cacique. Ahora, la escuela ya no es vista como en aquellos años en que se filmó la película, ha dejado de ser la proveedora de aprendizaje, de conocimientos. Hoy, la Secretaría de Educación debería impulsar acciones que ayuden a mejorar la educación; se deja esta labor al docente, que él busque, que indague en cualquier plataforma. Pero resulta que todas las plataformas son pagadas; tienen un costo mínimo anual de trescientos cincuenta pesos. Pero con una plataforma no es suficiente. ¿Entonces, el docente es quien debe aportar económicamente para que exista bienestar en el aula?

En la película “El profe” se observa el respeto hacia el maestro, y del maestro a los alumnos. La única tecnología que existía en ese salón de clases era la cámara cinematográfica; en la actualidad, pulula la tecnología, ya no hay conocimientos que no sean accesibles a los alumnos. Ya no es concebible que el maestro llegue a querer enseñar figuras geométricas y a pedir las maquetas de los cuerpos geométricos, ya no así, ya no como antes. Ahora, ese conocimiento debería verse en el aula de manera virtual, con prácticas para convertir cuerpos geométricos regulares e irregulares. Y quizás empezar ahí a cuestionar situaciones del entorno para hacer partícipes a los estudiantes y que interactúen en clase, quizás eso a ellos les pueda llamar la atención. Pero ese bienestar no será posible; las autoridades educativas no vislumbran una educación de esa manera, quieren que los maestros y los alumnos estén incómodamente para no enseñar y no aprender, porque no conviene tener a personas cultas, que cuestionen, que indaguen.

Ante pregunta expresa, los alumnos señalaron que su comodidad no puede ser plena por la gran cantidad de alumnos en las aulas, porque no se le da mantenimiento al mobiliario ni a las aulas mismas. En promedio, cuarenta años tienen las aulas de las escuelas, algunas necesitan impermeabilizante, que se reparen las puertas, las ventanas, los cristales, en general, les falta “su manita de gato”; y en Chiapas hace días se anunció que la restauración de un jardín de niños costó tres millones de pesos. Los alumnos también indicaron que no sienten bien porque los salones no están climatizados. Las autoridades de la escuela no quieren climatizarlos por el costo de la energía eléctrica que habría que pagar cada mes. Con la cuota voluntaria no sería suficiente para cubrir esa deuda. Así que sufren alumnos y maestros las altas temperaturas, más en verano, al inicio de clases: dos de la tarde.

Ya se habló de la justicia que no está del lado de los alumnos, ahora vamos con la justicia que no llega a los maestros. Desde los interinos que son contratados con veinte horas y tienen que estar treinta porque el horario se proyectó antes de que prestaran su servicio en la escuela; diez horas a la semana sin remuneración y la justificación de la autoridad educativa es que se trata de una necesidad del plantel. Los maestros de base tienen que soportar ese revés de que los hayan quitado del artículo 123 constitucional y que los hayan dejado en el limbo, a que se vayan consumiendo poco a poco hasta que les llegue su fin. ¿Por qué la Secretaría no mejora la situación laboral del docente? ¿Acaso no sabe que si se tiene bien a un trabajador, éste rendirá mejor? Y con ello existirá un mejor bienestar, paz y justicia. La película “El profe” termina cuando al maestro le hacen su escuela, encierran al cacique y todos felices.  Qué bonita película, lo malo es que en la realidad las autoridades sólo cantinflean.


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