Dr. Jorge Gutiérrez Alfonzo
El bienestar del docente es fundamental para la educación en México. El maestro Alfonso Monterrosa recuerda que en su tesis de maestría propuso que quien deseara ingresar en el magisterio debía aprobar un examen psicológico. Eso fue hace 25 años. Por aquellos años no era tan difícil tratar estos asuntos delicados. En la actualidad, el discurso oficial es de empatía, de tolerancia. En la vida real, resulta complicado exponerlos.
Todas las mañanas a la hora del receso, el maestro Alfonso Monterrosa y el maestro Rodolfo platican sobre la salud emocional de los y las docentes. ¿Por qué sólo la atención a los alumnos? ¿Y por qué no cuidar a los docentes? Pararse en un grupo a platicar de asuntos emocionales y hablar de cómo el alumno debe de administrar sus emociones es difícil. Sobre todo si no tiene la habilidad para conducir un número determinado de personas, habilidad con la que cuenta el maestro Rodolfo. Dialogan sobre cómo tratar esas cuestiones para mejorar la relación entre maestros y alumnos.
Quizás por esas conversaciones el proyecto aula-escuela-comunidad del ciclo escolar 2025-2026 trató sobre la ansiedad y el estrés en los adolescentes. Era un buen intento empezar a tratar estos asuntos complicados de afrontar. El tema surgió por la prohibición de la comida chatarra: la desesperación de los estudiantes al no encontrar ese antojo que según ellos les daba energía para terminar la jornada estudiantil.
Pero después vino otro tema: la convivencia familiar; y después, otro: el estrés de tener un familiar enfermo, situación que el maestro Rodolfo vivió en carne propia hace aproximadamente cuatro años. Todo lo que las autoridades educativas dicen que tienen los adolescentes lo padecen los maestros, quienes aparte de enfrentar una situación emocional tienen que “controlar” a un grupo de 35 o 40 alumnos. ¿Quién sufraga los gastos de las terapias? Y ahí viene otro punto que genera una emoción negativa en el docente: la falta de ingresos para solventar las necesidades primarias.
Es fácil decir lo siento, tienes mi apoyo, cuando en realidad no somos empáticos. Se enseña a ser resiliente, pero resulta complicado lograrlo. Lo que viven los estudiantes también lo viven los docentes. Entonces, ¿por qué a los alumnos les asignan a una persona física y a los docentes a una persona virtual?
Querer tratar el bienestar mediante videos y mensajes en audio o de texto no va a solucionar el problema en el magisterio; es necesario tener contacto visual, físico para sentir lo que la persona vive. Así como sucede en el aula. Esa mirada, ese apapacho, es lo que también debe tener el docente. Tres momentos cruciales se vivieron con el maestro Rodolfo en el semestre agosto 25-enero 26. El primero, un taller con alumnos para reconocer las emociones.
El segundo, la sesión con jóvenes en la que expuso la vivencia de la enfermedad de su esposa; sin lugar a duda, fue una experiencia inolvidable. El tercero fue en el curso de “Elaboración de secuencias” impartido por docentes de la misma escuela que han expuesto en el nivel de posgrado el tema emocional, que era necesario colocarlo en el curso. Si se tienen expertos en las escuelas, pues hay que motivarlos para que aporten lo que saben: ¿por qué la necedad de no dar crédito a quien puede aportar cuestiones académicas y de índole de superación personal?
El maestro Rodolfo aceptó. Dos sesiones. Una al empezar el curso; la otra, al terminarlo. La primera sesión fue sobre conceptos. Unos asistentes estaban atentos: otros, con el celular mandando mensajes, otros salían y entraban. No prestaban atención. “El maestro como guía en el aula”, se tituló la exposición. Se proyectaron diapositivas. El maestro explicó, ejemplifico la plática; se guio con dos subtemas: “Elementos esenciales en la relación docente-alumno” y “El papel que juega el maestro en el desarrollo emocional de los estudiantes”. Expuso estrategias específicas que el maestro puede utilizar, estrategias de enseñanza efectiva, formas de fomentar una buena relación maestro-alumno.
Pero hay docentes que se irán a otras escuelas, maestros que llegan y que aún no conocen el ambiente laboral y simplemente otros que ya no laborarán: ¿justificantes para no prestar atención? Los subtemas fueron expuestos de tal manera como para irse preparando a enfrentar contextos que el docente puede atender o por lo menos, lo más importante, se puede decir que son los “primeros auxilios” de la condición emocional. Esta capacitación es la que también se debe implementar. ¿Es necesario cuidar el bienestar emocional del profesorado? Claro que sí. Pero no con videos, no con demagogias. El adiestramiento debe darse en las aulas, con los docentes que viven el día a día en las mismas aulas, como todos los demás profesores.
El maestro Rodolfo tiene experiencia en reuniones de superación personal, vivió en carne propia una situación emocional adversa; hay que recurrir a esas experiencias para que se conozca cómo actuar; hay que tener conocimiento, sentir en carne propia la sensación que emite el cuerpo al externar los sentimientos que se vivieron.
Esta es la experiencia que se necesita transmitir para que se tenga un profesorado con el cuidado emocional adecuado, no con videos grabados en un estudio, con luces, con maquillaje, con una persona cuya expresión corporal no ayuda a sustentar lo que está diciendo, alguien que esquiva las preguntas, que no contesta de manera directa porque desconoce lo que se siente acá, en las aulas, lo que vive el docente frente a 40 o 45 alumnos; esa es la realidad emocional del maestro. Si no se comprende el contexto, no se va a cuidar la salud emocional, así no se abonará a la calidad educativa. La última sesión al final del curso se tituló “Reconociendo a mi compañero o mi compañera”.
El maestro Rodolfo agrupó a los participantes por parejas; las identificadas con el número 1 realizarían movimientos que imitarían las concentradas con el número 2. En la segunda parte de esta actividad, las que tenían el número 2 hicieron los movimientos y las que tenían el número 1 repitieron esos mismos movimientos. Al término de la actividad la pregunta fue la siguiente: ¿en cuál intervención te sentiste mejor? Las expresiones se hicieron presentes. La actividad dio para reflexionar sobre muchos aspectos.
Después, nuevamente por parejas, enfrente del primer grupo se le dijo al segundo tres aspectos positivos de éste; y luego, frente al segundo, se le dijo al primero sus tres elementos positivos. La pregunta fue la siguiente: ¿qué te hizo sentir mejor, decir los aspectos o recibirlos? La última actividad consistió en que se colocaran de un lado los maestros que se van y en el otro los que se quedan; hubo que decirles a quienes se iban aspectos sobre su estancia en la escuela.
La experiencia fue agradable. En dos sesiones se aprendieron muchos aspectos que son necesarios conocer para estar frente a un grupo de adolescentes, pero, sobre todo, saber reconocer las emociones para poder manejarlas de la mejor manera. Así deben de ser las capacitaciones. ¿Cuánto estaría dispuesta la Secretaría de Educación a pagar por sistematizar estas vivencias en las escuelas? ¿Qué tan dispuesta está la Secretaría para reconocer al docente que tiene las habilidades para dar estas capacitaciones? Mientras no exista una verdadera salud emocional en los docentes, no habrá una efectiva comunicación en las aulas.

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