Dr. Jorge Gutiérrez Alfonzo
La llamada que hizo el maestro Alfonso Monterrosa a sus amigos para que platicaran sobre la temática sugerida por la revista para este mes de septiembre, no obtuvo respuesta. El motivo: “Estamos haciendo la planeación de las materias que nos asignaron este semestre; nos cambiaron materias y nos cambiaron el formato de la planeación”.
El maestro Alfonso piensa que cómo es posible que a los maestros se nos exija, con justa razón, un esquema, mientras que las autoridades nacionales no lo tienen. Al maestro se le pide, se le corrige y luego lo sube a la plataforma para que se valide. ¿Quién valida la planeación del secretario de Educación? ¿Cuáles planes tiene para la educación? Hoy se habla de él, más por cosas extraeducativas, que por lo que le compete: la educación en México. Lo único educativo que salió a decir fue la modificación del calendario, en junio pasado, trabajo en donde salió reprobado y le tiraron la tarea. Así está nuestra educación.
¿Cuál es el rumbo? El maestro piensa que el rumbo ya está trazado: “la agenda 2030”. Con base en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ¿qué se pide? Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos.
¿Cuál es el reto? Hacerlo con calidad; esto es, lograrlo sin exagerar en gastos y sin tiempos excedidos. Sin explotar a los trabajadores. El secretario de Educación dijo que ya no existiría carga administrativa, pero ahora están colocando “proyectos” para cuestiones emocionales, situación que no está mal, pero se deja de enseñar en el aula. Y ahí es donde el maestro Monterrosa observa el meollo del asunto. Desde su sentir, un alumno no puede ser crítico o expresar un comentario crítico con solamente observar una gráfica. El alumno necesita saber de dónde vienen los datos, cuál es su origen; solamente ahí el alumno puede generar un sentido crítico.
Con la noticia a principios de septiembre sobre la prueba PISA, se demuestra que cada quien observa los números de acuerdo con sus propios intereses. Los adversarios citan el mal paso de la educación, el gobierno en turno dice que todo está bien, que es una evaluación estandarizada y que los contextos cuentan. Y el secretario dijo que “es culpa de la tecnología”, que el excesivo uso de las pantallas por parte del joven hace que se tenga estos resultados. ¿Por qué salir a culpar? ¿Por qué no salir a analizar la educación en México? Aquí algo que pudiera ayudar al secretario de Educación, con toda la humildad.
La evaluación fue hecha a jóvenes de entre 15 y 16 años, quienes nacieron entre 2009 y 2010; su vida académica inició entre 2012 y 2013 al entrar al Jardín de niños. El plan de educación que existía en esos ayeres era el de la RIEB, la reforma integral de educación básica, que tenia un enfoque en competencias para la vida, con una estructura en un solo trayecto formativo (preescolar, primaria y secundaria); con ejes claves de aprendizajes esperados, evaluación formativa, desarrollo de competencias meta-cognitiva y campos de formación transversales.
Cuando estos jóvenes entraron en la primaria (2015, 2016), al año o a los años de estar en este nivel se cambia de plan de estudio al “Modelo Educativo para la educación Obligatoria” (2017), con enfoque humanista y centrado en la gestión autónoma; su estructura se organizó en tres componentes principales:
- Campos de formación académica (lenguaje, pensamiento matemático, exploración del mundo natural y social.
- Áreas de desarrollo personal y social (artes, educación socioemocional, educación física).
- Ámbitos de autonomía curricular (talleres elegidos por cada plantel).
La pregunta es crucial aquí: ¿estos jóvenes terminaron su educación primaria con el plan de la RIEB? ¿O se les cambió al plan de 2017 antes de terminar su nivel educativo? En el nivel de secundaria algunos alumnos entraron con otro plan de estudios o los atrapó el cambio ya en ese nivel.
Ahora, el nuevo plan de estudio es el de La Nueva Escuela Mexicana (2022), con enfoque socio crítico, comunitario e intercultural; la estructura que tiene es la de la sustitución de los grados de estudio tradicionales por seis fases de aprendizaje y reorganización del currículo en cuatro campos formativos:
- Lenguajes
- Saberes y pensamiento científico
- Ética, naturaleza y sociedades.
- De lo humano y lo comunitario
El maestro Alfonso asemeja a estos alumnos con la selección mexicana de fútbol: muchos técnicos y no se terminan los ciclos. Constantemente, la Federación Mexicana de Fútbol cambia de entrenador y cada entrenador impone nuevo ritmo de juego. Pero la selección mexicana tiene una ventaja, piensa el maestro: el entrenador sabe qué hacer, conoce estrategias acordes con lo que implementa o trata de poner en práctica. Quien dirige la SEP no sabe nada de estrategias para ejecutarlas en la educación.
Se hace notar en este análisis que los estudiantes referidos tienen el efecto Covid, de marzo del 2020 a agosto de 2022, cuando más o menos se normalizaron las clases. Y los jóvenes de la región fronteriza de Chiapas vivieron otros dos años más de “educación a distancia” por motivos de la “otra pandemia”. En el nivel de educación media, en el año 2025, se implementó una nueva estructura curricular. Se cambió de progresiones a propósitos formativos. Entonces, ¿con qué enfoque se evaluó a los alumnos? ¿Por qué en ciencias no se baja tanto? ¿Qué evaluaron en este rubro que los alumnos se mantienen en un nivel aceptable? ¿Por qué, si no saben leer, podrían analizar un proceso científico? Es necesario que se vean las preguntas sobre ciencia, hay algo rescatable ahí en los jóvenes, posiblemente esa implementación de proyectos comunitarios les llama la atención, los números por sí solos no dicen nada, hay que ver de dónde vienen esos datos, hay que analizar aquellos que muestran algo sin mostrar nada.
Entonces, con lo anteriormente expuesto ¿cuál es el reto? Ya no seguir cambiando de enfoques. Los que aspiran a ser presidentes de la República deben tener un enfoque con lo que se tiene ahorita. No hay que poner odio en el corazón, que se inspiren y que realmente sirvan a México. Con prohibiciones no se va a mejorar.
Es mediante la evaluación como lograremos avanzar, así como lo hacen con los nuevos docentes, que cada año los examinan para tener un interinato; así como a los que desean ser directores, cada cuatro años los evalúan. Así es como se avanza viendo lo que sirve y no sirve de la pedagogía de los planes y programas de estudio. No es con estadísticas maquilladas, no es ordenar sin oficio alguno, para no comprometerse, que no se repruebe, que no importa que el alumno no llegue a la escuela, que no entregue actividades. Total, la orden, sin ser orden, es que no haya reprobación y mucho menos deserción. Así no. Hay que buscar el verdadero problema de la inasistencia, de la reprobación. Ya lo dice la canción: “Las letras no entran cuando se tiene hambre”, cuando existe miedo de salir a las calles, de ya no poder tener una vida familiar tranquila. Trabajo educativo hay, quien realmente lo quiera hacer, falta.

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