Nuevas tendencias educativas.

Mtro. Andrés Godínez Bustos.

OBJETIVOS COMUNES DE LA NUEVA EDUCACIÓN EN EL MUNDO.

Las reuniones celebradas en diversos foros con el tema central de la nueva cultura, arrojan un consenso mundial que resume la necesidad de realizar cambios trascendentales en las formas de impartir y recibir educación, a cualquier nivel,  buscando ahora garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos, sobre todo comprometiendo a los gobiernos e instituciones privadas, para que desplieguen todos los esfuerzos posibles para comprometerse a que, esta vez, se consigan el objetivo y las metas que propulsan las organizaciones no gubernamentales, al reconocer la función esencial que desempeña la educación como uno de los principales motores del desarrollo, ahora en la nueva reconformación económica global, posterior a la pandemia.

Las acciones intramuros, que finalmente son enviadas al contexto mundial por las instituciones educativas, tienen por finalidad movilizar a todos los países en torno a un objetivo de desarrollo sostenible relativo a la educación y sus metas conexas, a efecto de no marchar en un camino solitario, antes bien, se deben ofrecer acciones para coordinarla, financiarla y realizar su seguimiento, con miras a garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida para todos.

La uniformidad de la educación en el planeta, además, plantea posibles estrategias que podrían servir de base a los países para elaborar planes y estrategias contextualizados, tomando en consideración las distintas realidades, capacidades y niveles de desarrollo de los países y respetando las políticas y prioridades nacionales. La comunidad educativa propone una estructura para coordinar los esfuerzos mundiales en materia de educación, así como mecanismos de gobernanza, supervisión, seguimiento y examen, analizando maneras de garantizar que la educación durante y después de la pandemia cuente con una financiación adecuada, planteando la necesidad de sugerencias para las alianzas necesarias, que hagan efectiva la agenda educativa correcta en los niveles de cada país, región y en el mundo.

Las tendencias en la nueva educación llaman a los gobiernos a reconocer ampliamente, que, ante cualquier acción de un ser humano por aprender, se determine, ipso facto, que se está en presencia de un derecho humano fundamental y un derecho habilitador que merma las minusvalías de vida que aquejan a cada persona. Para hacer realidad este derecho, los países deben garantizar un acceso universal e igualitario a una educación y un aprendizaje inclusivos y equitativos de calidad, que deberán ser gratuitos y obligatorios, sin dejar a nadie rezagado. La educación deberá tener por finalidad el desarrollo pleno de la personalidad humana y promover el entendimiento mutuo, la tolerancia, la amistad y la paz. La educación es un bien público, cuyo principal garante es el Estado. La educación es una causa común de la sociedad, que conlleva un proceso participativo de formulación y aplicación de políticas públicas. La sociedad civil, los docentes y educadores, el sector privado, las comunidades, las familias, los jóvenes y los niños cumplen todos funciones clave para hacer efectivo el derecho a una educación de calidad, que sea tutelada sin distingos por el Estado y las instituciones privadas.

Se trata entonces, de garantizar la educación por encima de los desastres naturales, las pandemias y los conflictos, así como los desplazamientos internos y transfronterizos resultantes, que pueden dejar a generaciones completas traumatizadas, sin educación y poco preparadas para contribuir a la recuperación social y económica de su país o región. Las crisis son un serio obstáculo al acceso a la educación, ya que han frenado, y en algunos casos revertido, el progreso hacia la consecución de los objetivos de la educación básica en el último decenio. La educación en las situaciones de emergencia debe tener un efecto protector inmediato, ya que proporciona conocimientos y aptitudes para la supervivencia y apoyo psicosocial a los afectados por las crisis. Además, la educación prepara a los niños, jóvenes y adultos para un futuro sostenible, porque los dota de aptitudes para conducirse durante los desastres, conflictos y enfermedades. Por tanto, las tendencias en la nueva educación proponen que los países deben aplicar medidas para crear sistemas educativos inclusivos, con buena capacidad de reacción y resilientes, que satisfagan las necesidades de los niños, jóvenes y adultos en situaciones de crisis, incluidos los desplazados internos y los refugiados. Los principios de prevención, preparación y respuesta, y las directrices establecidas internacionalmente, deberán guiar la planificación y la respuesta. Los planes y políticas del ámbito de la educación deberán anticipar los riesgos y comprender medidas para cubrir las necesidades educativas de los niños y adultos en situaciones de crisis; asimismo, deberán favorecer la seguridad, la capacidad de recuperación y la cohesión social, a fin de reducir los riesgos de conflicto y desastres naturales.

Ya los contenidos de libros de texto y temas específicos, en cualquier grado de la educación, no pueden ser editados en un contexto virtual que desconozca la realidad mundial. Así, las publicaciones deberán llamar enfáticamente a fortalecer la capacidad de los gobiernos y la sociedad civil en todos los niveles, en materia de reducción del riesgo de desastres, educación en favor de la paz, adaptación al cambio climático, y preparación y respuesta ante situaciones de emergencia, para así atenuar los riesgos y mantener la educación durante todas las fases, desde la respuesta a una emergencia hasta la recuperación y nueva normalidad.

Por la experiencia de los últimos tiempos, que nos tomó por sorpresa, es necesario contar con respuestas y sistemas nacionales, regionales y mundiales bien coordinados, para prepararse en atender las emergencias y responder a ellas, así como para poder “reconstruir” mejor, procurando crear sistemas educativos más seguros y equitativos. Las partes interesadas deberán hacer todo lo posible para garantizar que se protejan los establecimientos educativos, como zonas de paz exentas de violencia, incluida la violencia por razón de género en la escuela. Se deberán adoptar medidas especiales para proteger a las mujeres y niñas en zonas de conflicto. Las escuelas y establecimientos educativos, así como sus rutas de acceso, deben mantenerse libres de ataques, reclutamientos forzosos, secuestros y violencia sexual. Se deben tomar medidas para acabar con la impunidad de las personas y grupos armados que atacan los establecimientos de enseñanza cuando se imparta en forma presencial, incluso ante riesgos mayores, impartirse a distancia con eficiencia inmediata. Sólo así se garantizará una buena educación.

LA INCLUSIÓN Y LA EQUIDAD.

Con los sucesos que transforman al mundo, los pensadores que dirigen a la comunidad educativa han tenido que fijar un único objetivo renovado de educación, de acuerdo con el marco global de desarrollo. La importancia que se empieza a dar en la agenda de educación a la inclusión y la equidad, cuya finalidad es brindar a todos, iguales oportunidades y no dejar a nadie atrás, pone de relieve otra enseñanza, esto es, lo necesario que resulta redoblar los esfuerzos, en especial aquellos dirigidos a llegar a las personas marginadas o que se hallan en situación de vulnerabilidad, como sucede en las zonas de enclave de las etnias y otras urbanas de marginación social. Todas las personas, sea cual sea su sexo, edad, raza, color, origen étnico, idioma, religión, opinión política o de otro tipo, origen nacional o social, posición económica o nacimiento, así como las personas con discapacidad, los migrantes, los pueblos indígenas y los niños y jóvenes, en particular los que se encuentran en situación de vulnerabilidad o de otro tipo, deben tener acceso a una educación de calidad inclusiva y equitativa y oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida.

Además de llegar a núcleos marginados por cualquier calidad, a través de internet o en forma presencial cuando sea posible, la tendencia educativa debe centrarse en la calidad de la educación, el aprendizaje y las aptitudes, lo que también pone de relieve otra importante enseñanza, a saber, el peligro de concentrarse en el acceso a la educación, sin prestar la debida atención a determinar si los alumnos están aprendiendo y adquiriendo competencias pertinentes una vez que ya asisten a la escuela. No es posible ya “seguir con lo habitual”, pues de mantenernos en la pasividad, la educación de calidad para todos no se hará nunca realidad. Si se mantienen los ritmos actuales de avance, muchos de los países más rezagados no alcanzarán las nuevas metas de la “postpandemia”.

Para avanzar con realidad, significa que es de importancia capital cambiar las prácticas vigentes y movilizar esfuerzos y recursos a una velocidad sin precedentes, con ímpetu en una agenda de carácter universal que pertenezca al mundo entero, tanto a los países desarrollados como en desarrollo. La nueva educación debe enmarcarse en el contexto más amplio del desarrollo actual. Los sistemas educativos deben ser pertinentes y adaptarse a los mercados laborales en rápida evolución, los avances tecnológicos, la urbanización, la migración, la inestabilidad política, la degradación ambiental, los riesgos y desastres naturales, la competencia por los recursos naturales, los desafíos demográficos, el aumento del desempleo en el mundo, la persistencia de la pobreza, la desigualdad creciente y las amenazas cada vez mayores a la paz y la seguridad. La inventiva del ser humano siempre rebasará a cualquier obstáculo.

De aquí en adelante, los sistemas educativos deberán atender a cientos de millones más de niños y adolescentes para lograr la universalidad de la educación básica (enseñanza preescolar y primaria, y ciclo inicial de educación secundaria), así como brindar un acceso equitativo al ciclo superior de educación preparatoria y oportunidades para todos de cursar estudios superiores, incluso para capacitar debidamente a aquellos que se dediquen a los oficios, tan importantes para la vida cotidiana.

IGUALDAD DE GÉNERO

La educación también se ve influenciada de las corrientes surgidas a partir los movimientos sociales particulares, que se han difundido por internet desde la implementación de la red social Facebook en el año 2004, y posteriores, notándose rápidamente, que se ha resaltado cada vez con mayor fuerza la aplicación de un tratamiento de derechos y obligaciones común, para personas de ambos sexos, hablando biológicamente y sin distingos, reconociendo que la igualdad de género es un principio de nuestra Constitución Mexicana, que estipula que “hombres y mujeres son iguales ante la ley”, lo que significa que todas las personas, sin clasificación alguna, tenemos los mismos derechos y deberes frente al Estado y la sociedad en su conjunto.

Es innegable que la igualdad de género se debe cimentar en forma natural desde los primeros años en que el niño acude a las aulas, y desde luego en el seno familiar. Si bien es cierto que la educación es un proceso complejo que va evolucionando a lo largo de nuestras vidas, es increíble la velocidad a la que somos capaces de aprender en nuestros primeros años de vida, al referirnos al efecto “esponja” de los niños, por su capacidad de absorción de conocimiento.

Es a partir de los 2 años, cuando la construcción de los roles sexuales se produce a través de procesos de observación, imitación y refuerzo, señala la investigadora María Amparo Rosa Torres en su artículo, “Estrategias educativas para evitar la discriminación de género”, publicado en “Compartim Revista de Formació del Professorat”; de ahí que la educación infantil o preescolar sea la etapa idónea para que tanto niñas como niños asimilen pautas de conductas igualitarias, explica la autora.

Lo que se aprende en la infancia permanece a lo largo de la vida, como uno de los principios básicos del desarrollo y aprendizaje en niños y niñas de 0 a 6 años, donde “lo que se aprende en la infancia se mantiene a lo largo de la vida”. Es decir, estas experiencias tempranas, “tienen un efecto acumulativo y a largo plazo en el desarrollo individual de cada niña y niño”, señala otra investigación realizada por la Facultad de Psicología de la UNAM, en el área de posgrado. El estudio “Actitud en niños y adultos sobre los estereotipos de género en juguetes infantiles” explica que niñas y niños de 3 a 7 años, ya relacionan los juguetes con el género en el que fueron influenciados.

Por ello, las metas de las tendencias de la nueva educación deben ser concretas y cuantificables, y contribuir directamente al logro de un objetivo global, donde se refleje una ambición de alcance mundial que deberá alentar a los países a esforzarse por acelerar los avances de las adecuaciones al cambio. Además, las premisas educativas que regirán en adelante, se pueden aplicar en todos los países, teniendo en cuenta las distintas realidades, capacidades y niveles de desarrollo nacionales, y respetando sus políticas y prioridades. Los esfuerzos de los países impulsarán el cambio, el cual reposará en alianzas y financiación adecuadas, que contarán con la participación de múltiples partes interesadas. Se espera que los gobiernos conviertan las metas mundiales de enseñanza, en metas nacionales realistas, basadas en sus prioridades educativas, sus estrategias y sus planes nacionales de desarrollo, la organización de sus sistemas educativos, su capacidad institucional y la disponibilidad de recursos. En estos primeros años de la infancia, el contexto en que nos desarrollamos determina en buena medida nuestras motivaciones y actitudes hacia el aprendizaje, pero no solo eso, también recibimos una mayor influencia de nuestro entorno y somos más susceptibles a caer en modelos estereotipados de roles sociales, que son precisamente los que se deben evitar, para no contaminar a la “personita” en ciernes.

El alcance de las nuevas metas requiere de establecer indicadores intermedios adecuados, medible cada cierto periodo, pudiera ser cada tres años a nivel mundial, mediante un proceso inclusivo de total transparencia y real rendición de cuentas, en el que participen todos los asociados para lograr un sentimiento de propiedad nacional y un buen entendimiento con las tendencias mundiales. Se pueden fijar indicadores intermedios para cada meta, que servirán de hitos cuantitativos para el examen de los avances mundiales con respecto a los objetivos a más largo plazo. Dichos indicadores deberán basarse en mecanismos existentes de presentación de informes, según convenga. Los indicadores intermedios son indispensables para paliar la escasa rendición de cuentas que se suele asociar a las metas a más largo plazo, para así asegurar que todas las niñas y todos los niños terminen la enseñanza primaria y secundaria, que ha de ser gratuita, equitativa y de calidad y producir resultados de aprendizaje pertinentes y efectivos.

Se busca entonces, llevar a un equilibrio aquellos reportes nacionales donde seguían sin escolarizar unos 69 millones de niños en edad de cursar la escuela primaria y 75 millones de adolescentes en edad de cursar el ciclo inicial de educación secundaria, de los cuales la mayoría sigue siendo de sexo femenino. Por otra parte, muchos de los que asisten a la escuela no adquieren conocimientos y aptitudes básicas. Por lo menos 350 millones de niños en edad de cursar la escuela primaria, de los que más del 60% han asistido durante al menos cuatro años a la escuela, no alcanzan los niveles mínimos de aprendizaje en lectura, escritura o cálculo. Se deberá velar por que todos reciban, sin discriminación, 12 años de enseñanza preprimaria, primaria y secundaria gratuita, financiada con fondos públicos, inclusiva, equitativa y de calidad, de los cuales no menos de nueve deberán ser obligatorios y conducir a resultados del aprendizaje pertinentes. La gratuidad de la educación supone la eliminación de las barreras ligadas a los costos de la enseñanza primaria y secundaria. Se requieren medidas inmediatas, concretas y sostenidas para ofrecer verdaderas oportunidades de educación y formación al gran segmento de población de niños y adolescentes sin escolarizar. Una vez terminado el ciclo completo de educación primaria y secundaria, todos los niños deberán haber sentado las bases que representan las competencias básicas de lectura, escritura y cálculo, y haber obtenido una serie de resultados pertinentes del aprendizaje definidos en los planes de estudio y normas oficiales, y evaluados en función de los mismos, incluidos hábitos de disciplina y aptitudes cognitivas y no cognitivas, que permiten a los niños desarrollar su potencial plenamente, aún en tiempos de desastres naturales o pandemias.

Solo se podrán alcanzar resultados del aprendizaje eficaces y pertinentes con aportaciones de calidad y procesos de instrucción que permitan a todos los educandos adquirir conocimientos, aptitudes y competencias adecuados. Igual importancia reviste la cuestión de la equidad; así pues, se deberán aplicar políticas para corregir los desequilibrios en cuanto a las oportunidades y los resultados del aprendizaje entre las regiones, los hogares, los grupos étnicos o socioeconómicos y, sobre todo, entre las distintas escuelas y aulas de clase. Para hacer frente a la desigualdad y velar por la inclusión, tanto en la oferta educativa como en los resultados de la educación de calidad, es indispensable comprender más a fondo la enseñanza y el aprendizaje en un entorno de aprendizaje determinado. En contextos plurilingües, siempre que sea posible y teniendo en consideración las distintas realidades, capacidades y políticas nacionales y sub-nacionales, se deberán promover el aprendizaje y la enseñanza en la primera lengua nacional, incluso en la hablada en el hogar, por razón de la etnia a que se pertenece.

Habida cuenta del aumento de la interdependencia social, ambiental y económica en todo el mundo, también se recomienda ofrecer al menos una lengua extranjera como asignatura, pero no como materia de relleno, sino en un curso formal que tenga la calidad de las demás materias. Por otra parte, son necesarios un entendimiento común y estrategias viables para evaluar el aprendizaje de maneras que garanticen que todos los niños y jóvenes, sin importar su situación, sean hombres o mujeres, reciban una educación de calidad y pertinente, entre otras cosas sobre derechos humanos, arte y ciudadanía. La mejor manera de fomentar dicho entendimiento es ampliar la disponibilidad de datos sistemáticos, fiables y actualizados, así como de información obtenida mediante la evaluación formativa o continua (en las aulas o a través de internet) y la evaluación acumulativa en distintos niveles. La calidad depende también de la existencia de sistemas de gestión del personal docente, una buena gobernanza, mecanismos de rendición de cuentas y una sólida gestión del financiamiento público, incluso del financiamiento privado a través de becas en número mayor.

CALIDAD EN LA ENSEÑANZA.

Como toda labor humana que es impartida a otros, el bienestar del profesor y buen ánimo del alumno (basado en una buena nutrición y paz en su hogar), así como salones de clase cómodos o un servicio de internet eficiente, influyen en la calidad de la enseñanza, para de ese modo garantizar que las nuevas tendencias y los mecanismos, programas y políticas relativos a los programas internacionales de educación, reflejen los contextos, prioridades y planes nacionales de desarrollo, centrándose en fortalecer los recursos humanos en los ámbitos en los que resulte más necesario.

No es posible darle calidad a la enseñanza, sin la existencia de becas, con total transparencia, a jóvenes de ambos sexos de medios desfavorecidos. Velar por que todas las oportunidades de obtención de becas para jóvenes de un nivel económico bajo, se promuevan de manera transparente, de tal forma que los jóvenes puedan tomar decisiones fundamentadas, y estén formuladas para proteger su condición jurídica y sus derechos.

Es en la transferencia de conocimientos y las personas que los imparten, donde se “anclan los resortes que dispararán” el nivel de la educación en cada región. Y para ello se busca elaborar programas conjuntos entre universidades del país de origen y el país receptor a fin de motivar a los estudiantes a continuar en su país, así como otros mecanismos para prevenir la “fuga de cerebros”– esto es la emigración de personas altamente calificadas– y fomentar la “ganancia de cerebros”. Crear becas en el país de origen para aumentar el número y las categorías de los beneficiarios, tanto en el país receptor como en el mercado laboral local, para así aumentar considerablemente la oferta de docentes calificados, incluso mediante la cooperación internacional para la formación de docentes en los países en desarrollo, especialmente los países menos adelantados y los pequeños Estados insulares en desarrollo.

Desde luego es innegable que los docentes son la clave para el éxito de la agenda en las tendencias de la nueva educación, en su totalidad mundial, como meta que resulta esencial e indispensable. Requiere atención urgente, a un plazo más corto, ya que la escasez y la distribución desigual de los docentes con formación profesional empeora la brecha de la equidad y calidad en la educación, en especial en las zonas desfavorecidas. Como los docentes son indispensables para una educación de calidad, será necesario asegurarse de que se les confiera independencia, su contratación y remuneración sea adecuada, estén motivados, posean calificaciones profesionales, y reciban apoyo en el marco de sistemas dotados de recursos suficientes, eficaces y bien administrados. En un futuro no muy lejano, se requerirán millones de docentes adicionales para lograr la universalidad de la educación primaria y del ciclo inicial de educación secundaria. Además, se deberá reemplazar a los docentes que se jubilen en los próximos años.

Se conoce al consultar las estadísticas oficiales, que en un tercio de los países para los que se dispone de datos, menos del 75% de los profesores de escuela primaria fueron capacitados según las normas nacionales. Las decisiones del pasado de bajar el nivel de experiencia y capacidades del maestro, cuando había escasez de docentes, han contribuido a intensificar una tendencia a tener en las aulas a personal no calificado y sin la preparación necesaria. La falta y/o inadecuación de un desarrollo profesional continuo y de apoyo para los docentes, así como de normas nacionales para la profesión docente, son los principales factores que empobrecen la calidad de los resultados del aprendizaje. Los sistemas educativos exitosos que garantizan la calidad y la equidad, se han centrado en un desarrollo profesional continuo, que favorece el aprendizaje y el mejoramiento de los mismos docentes a lo largo de sus carreras, alejados de tendencias políticas que impidan el propio desarrollo magisterial.

Es prioridad reconocer, que los docentes también tienen derechos socioeconómicos y políticos, entre ellos, el de aspirar a trabajar en condiciones dignas y recibir una remuneración adecuada. Los gobiernos deberán convertir la enseñanza en una profesión atractiva que se elija como primera opción y en la que la formación y el desarrollo sean continuos, mejorando para ello la condición profesional y las condiciones de trabajo de los profesores, y brindándoles mayor respaldo; asimismo, los gobiernos deberán fortalecer los mecanismos de diálogo político con las organizaciones de docentes.

En un mundo que cada vez requiere de habilidades y conocimientos para transitar en las nuevas tecnologías, o situaciones de desastres naturales o infecciosos, los docentes contribuyen considerablemente a mejorar los resultados del aprendizaje de los estudiantes, con el respaldo de los directores de los establecimientos, las autoridades gubernamentales y las comunidades. Existen pruebas fehacientes de que los docentes están abiertos al cambio y dispuestos a aprender y crecer a lo largo de sus carreras, siempre y cuando se les trate bien. Al mismo tiempo, necesitan tiempo y espacio para tomar aún más la iniciativa de trabajar con sus colegas y los directores de los establecimientos, así como para aprovechar las oportunidades de desarrollo profesional, mediante “reglamentos de carrera”, que les aseguren un crecimiento permanente.

Las nuevas tendencias sugieren la implementación para la calidad de la educación, en cuatro niveles:

· Mundiales: como un conjunto de indicadores comparables en el plano mundial para todos, formulados mediante un proceso de consulta liderado por la UNESCO, como supervisor de los avances hacia el logro de las metas conexas;

· Temáticos: un conjunto más amplio de indicadores comparables en el plano mundial, propuestos por la comunidad educativa para realizar un seguimiento más completo de las metas sobre la educación en los países; entre estos figurarán los indicadores mundiales;

· Regionales: indicadores adicionales que podrían elaborarse para tener en cuenta contextos regionales específicos y prioridades pertinentes en materia de políticas, para conceptos que se presten adecuados a una uniformidad mundial;

· Nacionales: indicadores seleccionados o formulados por los países, para tomar en consideración sus contextos en el país y adaptarse a sus sistemas, planes y políticas de educación.

APRENDIZAJE DE CALIDAD A LO LARGO DE LA VIDA PARA TODOS.

La necesidad, -y en algunos el gusto por saber- hacen que la enseñanza y aprendizaje sean actitudes permanentes a lo largo de la vida productiva. Incluso en el retiro de la vida laboral, los avances en las condiciones de vida requieren de capacitación permanente. Basta observar en los cajeros automáticos bancarios y en aquellos que reciben pagos por servicios, o los que expiden documentos oficiales como actas del registro civil, que una gran mayoría de personas, de edad avanzada o de núcleos de población económicamente bajos, se han quedado rezagadas en el cambio y aparición de las nuevas tecnologías, en actividades tan cotidianas como son aquellas de necesidad básica como el teléfono, luz, agua, bancos y demás.

Para mantener al ciudadano en una permanente y atractiva actitud de aprendizaje, es necesario formular políticas intersectoriales que promuevan el desarrollo de competencias profesionales, la capacitación ante las nuevas tecnologías y la educación terciaria en los, cariñosamente, llamados nuestros “viejos”, creando nexos entre ellas, y fortalecer los vínculos entre las ciencias y la formulación de políticas para adecuarse a los cambios en los contextos, manteniendo la pertinencia en toda acción. La corriente actual es crear alianzas eficaces, en particular entre los sectores público y privado, y velar por que los empleadores y sindicatos contribuyan a hacerlas efectivas, garantizando la calidad, la comparabilidad y el reconocimiento de las calificaciones de la educación primaria, secundaria y terciaria, y facilitar las transferencias de créditos entre establecimientos de educación terciaria reconocidos, elaborando políticas y programas para el suministro de una educación presencial o a distancia, de calidad, que cuente con financiamiento suficiente y aproveche la tecnología, incluido Internet, los cursos abiertos en línea de amplia participación y otras modalidades, que cumplan las normas reconocidas de calidad, a fin de mejorar el acceso a los inventos nacientes.

Los institutos de investigación, activos por siempre, deben continuar en su labor de búsqueda de soluciones, sobre todo relacionadas con los hechos mundiales imprevistos, como las pandemias o desastres naturales, exigiendo la formulación de políticas y programas que pongan de relieve la función investigativa en la educación a cualquier nivel o grado, mediante la asimilación temprana de conceptos del ámbito de las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas, en particular por parte de los niños y jóvenes adultos, que puedan en un futuro capacitar a los mayores que están en rezago.

Bajo este esquema, se busca fortalecer la cooperación internacional elaborando programas transfronterizos de educación universitaria y de investigación, en particular en el marco de convenios internacionales y regionales sobre el reconocimiento de las calificaciones de la enseñanza superior, con el fin de fomentar un acceso más amplio, una mejor garantía de la calidad y el desarrollo de capacidades en el aprendizaje, educación y formación de adultos, para jóvenes y adultos de todas las edades y orígenes socioculturales, de modo que puedan seguir mejorando y adaptando sus aptitudes, respetando la igualdad de género en toda la vida del ciudadano, entre otras cosas eliminando los impedimentos basados en el género o edad, y a los grupos vulnerables, como las personas con discapacidad o de preferencias distintas o minoritarias, respaldando y fomentando la formulación de políticas que propicien oportunidades equitativas, para un aprendizaje de calidad a lo largo de la vida, y el acceso a este.

Un principio aplicable para todos, en las nuevas tendencias educativas, es aumentar considerablemente el número de jóvenes y adultos que tengan las competencias necesarias, en particular técnicas y profesionales, para acceder al empleo, el trabajo decente y el emprendimiento, en un contexto de mercados laborales que cambian rápidamente: desempleo creciente (en especial entre los jóvenes), envejecimiento de la población activa en algunos países, migración y adelantos tecnológicos, todos los países se ven confrontados a la necesidad de que las personas adquieran los conocimientos, aptitudes y competencias indispensables para el trabajo bien remunerado, la iniciativa empresarial y la vida. En muchos países, las políticas de educación y formación deberían además responder a las necesidades, que evolucionan con suma rapidez, de que los jóvenes y adultos mejoren sus aptitudes y aprendan otras nuevas. Por ende, es indispensable aumentar y diversificar las oportunidades de aprendizaje, empleando una amplia gama de modalidades de educación y formación, de tal forma que todos los jóvenes y adultos, en especial las niñas y las mujeres, hoy discriminadas en ciertos sectores económicos, sociales y culturales, puedan adquirir conocimientos, aptitudes y competencias pertinentes para el trabajo decente y la vida que se transita en la tercera edad.

Después de la educación, pasar al ámbito laboral, garantizando siempre la calidad. Es necesario formular prioridades y estrategias adecuadas para optimizar el vínculo entre las escuelas y el mundo del trabajo, tanto en el sector laboral formal como informal, mejorar su condición, crear vías de aprendizaje entre distintas ramas de la educación, y facilitar la transición de la escuela al trabajo. Los sistemas de “bolsas de trabajo” deben reconocer y valorar las aptitudes adquiridas con la experiencia o en entornos no formales e informales, en particular en el lugar de trabajo y por Internet. Un enfoque centrado en gran medida en aptitudes específicas para el trabajo reduce la capacidad de los diplomados de adaptarse a las exigencias en rápida evolución del mercado laboral. Por ello, más allá de dominar dichas aptitudes, es preciso hacer hincapié en el desarrollo de aptitudes cognitivas y no cognitivas/transferibles de alto nivel, como la resolución de problemas, el pensamiento crítico, la creatividad, el trabajo en equipo, las competencias de comunicación y la resolución de conflictos, que pueden aplicarse en diversos sectores profesionales. Esto sí sería el reflejo de la nueva educación.

Mtro. Andrés Godínez Bustos.

godinezfiscal@gmail.com

  • Maestro en Derecho Fiscal (Colegio Superior de Ciencias Jurídicas)
  • Lic. en Derecho (Universidad Autónoma de Puebla)


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