La enseñanza como una acción que construye profesionales para su desarrollo en el entorno del nuevo modelo de trabajo en el Contexto Internacional.

Dr.C. Alfredo de la Torre Aranda

La responsabilidad que se tiene al estar en frente de un grupo en la educación superior deberá estar acompañada no solo de un andamiaje de conocimientos y experiencia profesional, sino de una serie de elementos e instrumentos didácticos que permita a los docentes universitarios llevar a cabo un proceso asertivo en la habilitación de los conocimientos, habilidades, aptitudes y actitudes de los futuros profesionistas.

Es muy común discutir en las academias, en las salas de Maestros o en los diversos espacios y entornos en los que convergen los docentes universitarios, cómo debe ser la práctica del profesor en el aula, laboratorio y el lugar donde se lleva a cabo el proceso de enseñanza / aprendizaje, y más en los tiempos nuevos donde las tecnologías de la información, los teléfonos inteligentes y las minicomputadoras, son una realidad ineludible con las cuales se debe trabajar de forma diferente.

Hoy los profesores de educación superior deben tener, enfrentar y habilitarse con nuevos procedimientos, métodos y estrategias didácticas que les permitan ser más innovadores en su práctica docente: no solo el saber profesional y el atender los contenidos expresados en un programa analítico, le bastará para formar los profesionales que demanda la nueva sociedad del conocimiento, de las tecnologías, de la inteligencias artificial, de los sistemas y procesos autónomos.

Si aunado a lo anterior, observamos cómo las Instituciones de Educación Superior, en los tiempos actuales se han inclinado en favor de la flexibilidad curricular,- en la geopolítica, en los mercados, en las tecnologías, en las comunicaciones y en la aplicación del conocimiento – los profesores universitarios debemos ser capaces de asumir el examen de dichos tiempos de manera crítica, aunque no excluyente, revisar nuestra práctica docente, ser severamente analíticos, y a partir de ello, generar voces alternativas que nos involucren de manera prudente en la nueva visión y modelo del profesor que permita instrumentar sus capacidades de enseñanza.

Ante el fenómeno que se visualiza en cada aula universitaria, donde los alumnos ya no llevan necesariamente cuadernos, libros, ni instrumentos para sus apuntes de lo que un catedrático universitario expone día con día; sino que llevan en su bagaje teléfonos celulares, computadoras o tabletas electrónicas en la cuales, en tiempo real están buscando la misma exposición del profesor, muchas veces para confrontar los mismos conocimientos; es ahí, donde las nuevas capacidades en la praxis docente del profesor deben ser más veloces y oportunas en ese ejercicio de la ENSEÑANZA.

En el nuevo ordenamiento económico, el conocimiento se transforma en fuerza productiva principal, desplazando al trabajo y al capital, lo que exige trabajadores con altas competencias para moverse en la sociedad del conocimiento, y donde la ejecución de tareas ya no es independiente de su diseño. De ahí la importancia de los profesores en ser altamente responsables en la impartición y habilitación de los conocimiento de esos nuevos profesionistas.

El aprendizaje y el desarrollo de las competencias para la vida implican nuevos roles en el papel del profesorado y el alumnado, así como enfoques renovados de enseñanza y aprendizaje. La finalidad de la enseñanza ahora no es tanto transmitir informaciones, sino provocar el desarrollo de competencias, como señalan Rychen y Salganik (2006): “La naturaleza compleja de las competencias y su inseparabilidad del contexto tienen importantes implicaciones para la valoración de la competencia. La competencia no se puede medir u observar directamente, sino que se tiene que inferir a partir del rendimiento observado destinado a satisfacer una demanda en una serie de escenarios”.

Por su parte, el PhD. Mario Díaz, indicó que la flexibilidad se asocia a las crecientes manifestaciones de una educación sistémica, abierta a todos los públicos, con sus más variadas ofertas formativas, tipos de instituciones y la multiplicidad de discursos y prácticas pedagógicas que las fundamentan y regulan.

Señala el Doctor Díaz que la flexibilidad se asocia a la denominada revolución pedagógica que ha generado todas las formas de relación social y metodologías posibles de formación para producir identidades competitivas, contingentes y diferenciada (identidades de mercado) que responden a las demandas de la sociedad moderna (del mercado) o identidades independientes del mercado (identidades terapéuticas).

Por tanto, el profesor universitario como investigador de la enseñanza encuentra un lugar privilegiado en la evaluación de ésta y de los aprendizajes, como la principal competencia profesional y fuente de aprendizaje y desarrollo profesional como docente.

Por otro lado, señala Zabalza (2003, pp. 147-148) que la evaluación en la universidad puede tener diferentes dimensiones, tanto en la evaluación de la calidad de los servicios ofrecidos como en la acreditación de titulaciones: “Como parte del proceso formativo, la evaluación ha de constituir el gran “ojo de buey” a través del cual vayamos consiguiendo información actualizada sobre cómo se va desarrollando el proceso formativo puesto en marcha y sobre la calidad de los aprendizajes efectivos de nuestros alumnos. Como parte del proceso de acreditación, la evaluación constituye un mecanismo necesario para constatar que los estudiantes poseen las competencias básicas precisas para el correcto ejercicio de la profesión que aspiran a ejercer”.

Díaz Barriga (2033) señala que el aprendizaje es, entonces, un proceso que forma parte y es producto de la propia actividad, contexto y cultura en la que se desarrolla y utiliza. Por eso mismo, desde esa perspectiva, acorde con el enfoque de competencias, aprender (know what) y hacer (know how) son acciones inseparables; por lo que los alumnos deben aprender en el contexto pertinente. Una metodología basada en la resolución de problemas es la más adecuada para el aprendizaje de competencias, ya que busca combinar conocimientos, habilidades, y actitudes en situaciones auténticas o muy cercanas a la realidad.

Si el aprendizaje es un proceso constructivo, más que reproductivo, y es un proceso social, cultural e interpersonal gobernado por factores sociales y situacionales tanto como por los cognitivos, entonces las estrategias didácticas del aula también deben cambiar de enfoque. La enseñanza es vista ahora más como una tarea de orquestar un complejo entorno de aprendizaje y actividades, en lugar de una línea de montaje donde el conocimiento sea transferido de alguien que conoce a individuos que no saben, mediante un monólogo.

El profesor actúa de guía, facilitador y organizador en un entorno adecuado para el proceso de aprendizaje de los estudiantes. El docente debe desarrollar competencias relacionadas con el diseño de situaciones de aprendizaje para: organizar trabajo colaborativo, evaluar desde diversos enfoques, comunicarse utilizando diversos lenguajes, promover el desarrollo de estrategias de aprendizaje, generar y aplicar conocimiento, entre otras. El alumno, por su parte, en lugar de ser un receptor de información que la memoriza, se convierte en alguien que, en un contexto determinado, procesa información y construye su comprensión, en función del marco de lo que ya sabe y de la situación de aprendizaje (lo que aprende en el momento).

En este sentido, Pérez Gómez (2007, p.27) señala: Al docente contemporáneo le corresponde una tarea profesional más compleja que la mera explicación de contenidos y evaluación de rendimientos; deberá diseñar, planificar, organizar, estimular, acompañar, evaluar y reconducir los procesos de aprendizaje de los estudiantes en su larga trayectoria de formación como ciudadanos autónomos y responsables. Estas nuevas responsabilidades docentes requieren nuevas y más complejas competencias profesionales, es decir, un conjunto integrado de conocimientos, capacidades, actitudes y valores.

En el nuevo ordenamiento económico, el conocimiento se transforma en fuerza productiva principal, desplazando al trabajo y al capital, lo que exige trabajadores con altas competencias para moverse en la sociedad del conocimiento, y donde la ejecución de tareas ya no es independiente de su diseño.

Si entendemos que en este nuevo, complejo, dinámico y convulso entorno económico, social, político del mundo, donde las realidades se transforman día con día y en donde vemos organizaciones, industrias y ciudades inteligentes, debemos ser capaces los docentes universitarios y por supuesto las autoridades académicas, de esta visión del mundo actual, ya no del futuro en el cual se nos exige ser más eficaces y eficientes en nuestro trabajo en las aulas, como verdaderos responsables en la formación de los nuevos profesionales que demanda y demandará el nuevo futuro del trabajo.

Las capacidades de la enseñanza deberán focalizarse para todos los alumnos y todas las alumnas de nuestras universidades sean una prioridad insoslayable a la que estamos dedicados; supone que debemos trabajar para que la apropiación de modos de actuar, de pensar y de relacionarse relevantes para aprender y seguir aprendiendo, sean la premisa más importante.

La apropiación progresiva de capacidades por parte de los/as estudiantes deberá generar mejores condiciones para que avancen en sus trayectorias escolares y sigan aprendiendo a lo largo de toda su formación. A manera de ejemplo, la capacidad de seleccionar, procesar y analizar críticamente la información; la posibilidad de organizar su propio proceso de aprendizaje y reflexionar sobre él, aprendiendo de los errores y frustraciones; la habilidad para expresar con claridad y efectividad conceptos, pensamientos, sentimientos, hechos y opiniones; la capacidad de adoptar una postura personal respecto de una problemática o situación determinada son cuestiones que indudablemente fortalecen las posibilidades de éxito para su ejercicio profesional.

Por tanto las capacidades de la enseñanza de los Catedráticos Universitarios deben considerar lo siguiente:

  • Mantener una profunda actualización sobre el saber que imparte en las aulas.
  • Revisar de manera constante la evolución en los conocimientos en el entorno mundial sobre la profesión para estar a la vanguardia.
  • Ser innovador en el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones para aplicarlas de manera oportuna en el aula.
  • Generar y provocar espacios muy dinámicos en las academias universitarias para actualizar de manera inmediata los programas analíticos en  concordancia con las nuevas formas en que se desarrollan las organizaciones.
  • Los espacios (aulas, laboratorios, salones de conferencias, etc.) deberán de integrar todos los instrumentos modernos (libros electrónicos, pizarras inteligentes, computadores con altas capacidades en la búsqueda de información, video proyectos con altas resoluciones y por su puesto redes alámbrica e inalámbricas con alta velocidad) para mejorar las capacidades en la enseñanza.
  • Acompañar y sostener las trayectorias escolares, pues una enseñanza centrada en el desarrollo progresivo y recursivo de capacidades supone sostener una mirada integral de las trayectorias y asumir la responsabilidad pedagógica por los aprendizajes.
  • Desarrollar materiales didácticos innovadores, donde el uso de las tecnologías de la información sean la prioridad en la construcción e incorporación de los conocimientos.
  • Fortalecer los procesos de aprendizaje, en la medida en que las capacidades representan habilidades de pensamiento o estrategias cognitivas que  favorezcan las condiciones para seguir aprendiendo.
  • Mejorar la calidad de los aprendizajes, en tanto la enseñanza centrada en el desarrollo de capacidades y el aprendizaje de saberes prioritarios en concordancia con las evaluaciones de la calidad de la educación superior y atendiendo los indicadores relacionados con las planes y programas de estudios, con los procesos de enseñanza/aprendizaje y con los relacionados al uso de las TIC’s.

El reto hoy es cambiar como un hábito, cambiar como una constante, cambiar para incorporar nuevas capacidades en la enseñanza, cambiar para favorecer la verdadera formación profesional, cambiar para ser responsables socialmente y éticamente en la realidad frente a las aulas para que cristalicemos los sueños, anhelos, esperanzas de los miles de jóvenes universitarias y de las familias que han depositado su confianza en las Instituciones de Educación Superior.

Dr. Alfredo de la Torre Aranda.

alain6998@hotmail.com

  • Doctor en Ciencias Pedagógicas por el Instituto Superior “José E. Verona” de la Habana, Cuba.

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