Capacidades y Aptitudes en la enseñanza del Derecho Fiscal.

Mtro. Andrés Godínez Bustos.

1.- Aptitud y actitud.

Desde luego pudiera decirse que la aptitud o conocimiento del profesor, es preeminente a la actitud con la que se pudiera conducir dentro del aula y en la trasmisión de los temas que se imparten, sin embargo, una buena actitud dentro del salón al inicio del curso, se antoja como un buen principio para abrir las mentes al conocimiento, tan especializado y técnicamente complejo del derecho administrativo-fiscal.

La norma de comportamiento, tipo y características del docente de esta rama administrativa del derecho público, se encuentra íntimamente relacionada con el cúmulo de conocimientos que lleva consigo y que desea transmitir, por ello, no es dable añadir a la complejidad del derecho fiscal, una personalidad también excesivamente compleja para impartir la cátedra, cuando el fin que se desea es desentrañar la trama complicada de este tipo de conocimiento, de suyo evolutivo durante un ejercicio fiscal, que se mueve al vaivén de la actividad del poder judicial con la emisión de precedentes y tesis de jurisprudencias, y del poder legislativo con la emisión de nuevas leyes o reglamentos, aunado a la publicación de reglas misceláneas de la autoridad hacendaria y diversas autoridades administrativas.

Una práctica docente, sencilla y sin rebuscamientos, abona en la mejor transmisión de conocimientos al educando que, sin una personalidad compleja del profesor, presta su atención a las ideas y conceptos, que escucha y sólo ve en su interlocutor, a un medio animado, sereno y fiable, que le implantará el conocimiento sin afanes teatrales o gesticulaciones excesivas, que le distraigan del verdadero objetivo que es aprender.

Así, la actitud del profesor del derecho fiscal se convierte en sacrificio de la personalidad, que inhibe los rasgos personalísimos, sin caer tampoco en un carácter plano, pero que permite que el conocimiento se asome en forma natural a través de la vocalización de los conceptos e ideas, simples o complejas, que saldrán de su emisor, sin artificios de lenguaje o gestos exagerados, convirtiéndose así, en una actitud, que denota la aptitud que contiene una buena enseñanza.

2.- Constancia y sensibilidad para identificar al alumnado.

La responsabilidad del maestro que se interna en la difícil tarea de impartir conocimientos en el área fiscal del derecho, no tiene más límites que la constancia en su asistencia personal a clase, sin exagerada utilización del recurso de un profesor adjunto sustituto, puesto que en la maquinación de las ideas que salen al vocabulario, se impregnan aquellos haberes de las diferentes ramas del derecho que confluyen en la experiencia adquirida.

Del mismo modo, sólo la experiencia personal del titular de la materia deberá asomar cuando identifique las características de cada alumno que le escucha, o por lo menos de la mayoría de ellos, para así moderar y encausar el conocimiento por los canales de transmisión correctos.

La continuidad del maestro en esta rama del derecho es básica e imprescindible, pues del mismo modo la continuidad en la forma y modelo de trasmisión del conocimiento del derecho fiscal,  a razón de la personalidad del profesor, deberá mantenerse en una línea de aportación al alumno, que le permita reconocer  en sus alcances y limitaciones aquellos conceptos que le son enseñados por vez primera, asimilando la forma, cadencia y pausa fonética, que reconocerá en el aula y que predetermina la mente a la apertura de recepción del conocimiento, en sus diversas aristas que se desprenden del maestro, a saber: la aportación directa en grado  de confusión al alumno, la enseñanza a través de la pregunta que anima la reflexión, o la vertiente de respuestas que el propio profesor expone, con opción múltiple, logrando la confusión por el parecido de dichas respuestas, hasta llegar a la determinación de cuál es la correcta y el porqué de ello, llegando así a robustecer la diversidad en la capacidad del maestro en la enseñanza que imparte.

3.- Instituciones e ideología, su interrelación.

La capacidad del profesor para transmitir los conocimientos adquiridos, será entonces cubierta con un tamiz de características propias, derivadas de las condiciones de la instalación donde se desarrolla, el horario en que se imparte, incluso, la tendencia social, cultural e ideología que rige a la institución educativa.

Desde la fundación de cada institución docente, el plantel de que se trate denota un sustento ideológico, que determina las bases de la tendencia que se pretende dar a la educación, si bien la universidad debiera ser una “universalidad” de pensamientos, con la libre enseñanza de cada profesor, lo cierto es que en nuestro país la matrícula docente se compone de maestros, que comparten en cierto grado la forma de pensar de la institución donde imparten cátedra.

En las instituciones educativas públicas, así como en las privadas, la práctica de la docencia permite el manejo sutil, a veces directo y llano, de alguna tendencia educativa, política, económica o social, que cualquiera que sea, no debe obstruir el camino de la capacidad de la enseñanza, al amparo del respeto que todo profesor debe tener, por la manera de pensar e influencia que cada alumno lleva consigo, asentando así una base ideológica que, aun y cuando pareciera homogénea, sienta las bases de la reflexión y puede llegar hasta una contradicción que se manifieste en controlada inconformidad, que mejore  y robustezca el conocimiento en las aulas, a través de la discusión moderada por el maestro.

4.- La enseñanza en grupos multinivel.

Identificadas las carácterísticas personales y sectoriales del grupo de alumnos, necesariamente, y sobre todo en grupos de nivel de posgrado, se llega al dilema de ubicar el nivel de enseñanza en forma adecuada, a fin de que pueda llegar al oyente sin distinción de nivel educativo o calidad de conocimientos, para lograr así un promedio de buena comprensión, que desea como logro el profesor que tiene como vocación la enseñanza perdurable.

El dilema cuya opción se ajuste a una óptima calidad en la enseñanza, radica en cómo determinar el nivel del lenguaje en la transmisión de conocimientos a los educandos, en aquellos grupos que ostentan diversos niveles de aprendizaje previo, a  fin de no aburrir al experto o  confundir al novato, pues suscritos  a la matrícula y con el grado previo necesario para registrarse en determinado curso, se cumplen los requisitos para integrar a cualquier alumno al curso de que se trate, lo que no significa que con ello se uniforme la capacidad del alumno, antes bien, los diferentes grados de cualidades de los alumnos hacen difícil ponderar el nivel en que se desarrollará la cátedra, mismo que en ocasiones debe regularse durante el desarrollo del curso, con preguntas directas a cada alumno detectado, de diferente rango, a fin de ajustar lo más adecuadamente posible la recepción de ideas y conceptos.

Sobra decir que los problemas de comunicación en grupos de diversos niveles de calidad educativa, se agudizan cuando también el aula se ve habitada por alumnos de diferentes orígenes y estratos sociales, así llegando a tener en el alumnado a gente que habita las urbes, como personas que provienen de zonas rurales, adjudicados con becas por su esfuerzo personal, donde se deberá tener cuidado de verter conceptos de moda o ubicación, que confundan a quien no habita ciertas zonas de mayor desarrollo urbano, que pudieran mermar la calidad y capacidad de la enseñanza del maestro, que debe buscar siempre la emisión de conceptos entendibles al oyente general o universal.

5.- Romper la seriedad, un estímulo directo.

En aquellos horarios difíciles posteriores a la hora de comida, no se diga en los horarios vespertino-nocturnos, se despliega como sombra enemiga del docente el fantasma del aburrimiento, el cansancio y el ansia de llegar a casa a descansar con los suyos. Es por ello que el profesor deberá hacer uso de recursos para los cuales no está preparado, como lo son los comentarios chuscos o cómicos, noticias deportivas y rivalidades entre equipos, incluso temas de moda, de rango banal pero que interesan a todos, logrando así algunos minutos de energía y el despertar del interés general.

Se ha visto y reiteradamente se ha comprobado en aquellos “fenómenos”, pilares y fundadores del profesorado del derecho fiscal en México, como el memorable Don Carlos Orozco Felgueres que sonríe desde el cielo, que un chiste u ocurrencia en el momento oportuno despierta a las mentes y cuerpos mas adormilados, en base  a la común carcajada del alumnado, que reinicia, o dirían hoy los jóvenes, “resetea” la clase que había caído en un bache de sopor, para continuar captando la atención y así dejar el campo del raciocinio en mejor condición de aprendizaje.

 Esto es en realidad un alto gesto de capacidad en la enseñanza, cuando el profesor se vale de diversas herramientas, cuasipedagógicas, para acaparar y renovar la atención del educando y lograr el fin último de la docencia, que es transmitir en forma real y válida el conocimiento y dejar en la mente del destinatario no sólo el dato frío, sino la base de la reflección que hará avanzar el propio conocimiento.

Pendiente tal vez de los eventos sociales del plantel, el profesor acudirá a la zona de convivencia estudiantil que resulta atractiva a cierta edad del educando, para distraer por momentos el curso de la clase y acercarse un poco a la confianza del alumno, al comentar con ligereza los pormenores de algún evento deportivo, festejo, viaje o conmemoración, que lejos de distraer la enseñanza, agrupa y condiciona la mente del receptor en relación al maestro, sin dejar a un lado la seriedad que la docencia merece.

Mtro. Andrés Godínez Bustos.

godinezfiscal@gmail.com

  • Maestro en Derecho Fiscal (Colegio Superior de Ciencias Jurídicas)
  • Lic. en Derecho (Universidad Autónoma de Puebla)

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