Aprendizajes obtenidos con la pandemia del Covid-19: caso profesionistas de Trabajo Social.

Dra. TS. Marisela Rivera Montoya

El Trabajo Social como profesión ubicada en las Ciencias Sociales y la exigencia del actual contexto de globalización, exige reflexionar acerca de su ser y su quehacer, que le permita afirmar su identidad, su especificidad y sus procesos de intervención profesional en los diferentes campos de su accionar y, que le ayuden a replantear nuevas formas de inclusión dentro de los procesos de participación en las diversas instituciones y organizaciones de salud.

Consideramos que al Trabajo Social le corresponde comprometerse y evidenciar en forma crítica y reflexiva la situación que juega el Estado en la aplicación de las políticas sociales y los programas de salud. Por lo que debe de analizar la estructura de las instituciones y las implicaciones que trae en su desempeño laboral. Es evidente la falta de espacios reflexivos entre pares, donde, como lo plantea Wallerstein (2007), se elabore una agenda investigativa que posicione a la profesión de Trabajo Social al nivel del resto de las disciplinas sociales.

Desde la formación profesional de los trabajadores sociales encontramos que en los currículos académicos se incluyen objetivos para lograr competencias profesionales en los egresados que contemplan la elaboración e implementación de las políticas sociales, sin embargo, la realidad, es decir el imaginario social nos presenta otra panorámica al respecto, en la cual el trabajador social responde a los intereses institucionales como ejecutor de los programas y proyectos donde predomina la burocracia. En este sentido, podemos decir que la estructura burocrática de las instituciones encajona al profesional para que responda a sus fines, políticas y programas ya definidas de antemano, por lo que la formación académica, que aporta en la formación profesional bases generales, no específicos, queda como un requisito para poder funcionar como lo exige la institución.

Al realizar un sondeo con algunas trabajadoras Sociales que laboran en el campo de la salud, nos respondieron lo siguiente:

  • “Sentimos que nuestro trabajo no es valorado en esta pandemia, y no hemos dejado de venir ningún día” TS1 Hospital Pediátrico de Sinaloa.
  • “Cuando inició la pandemia solicitamos gel y cubrebocas y no nos proporcionaron nada” TS2 Hospital Civil de Culiacán.
  • “No estamos preparados para enfrentar un problema de salud como el COVID-19, no contamos con la infraestructura, ni la capacitación necesaria” TS3 Hospital General de Culiacán.
  • “Tenemos que venir a trabajar con miedo y cada uno de nosotros nos hemos comprado nuestro equipo de protección, la jefa del departamento dio positiva” TS4 Instituto Sinaloense de Cancerología.
  • “Es una  oportunidad para la reflexión, empatía, generosidad y poner en práctica lo que somos, de lo que estamos hechos, como individuos, hacer una pausa. Como profesionales del trabajo social, otorgar el mayor número posible de orientación y consejería  a la población en general , a los grupos vulnerables, trabajar en la concientización de los sectores en donde se observa mayor número de casos , con aquellos   que  aún dudan de la veracidad y restan importancia ante la pandemia que afecta al mundo,  con la confianza de que nuestro perfil profesional nos permitirá crear un cambio favorable que incida en la disminución de casos positivos y  su expansión masiva” TS5 Centro de salud de Culiacán.

La problemática actual en materia de salud, demandan al Trabajo Social como profesión, plantearse nuevas lecturas de la realidad, lo que autoras como Vélez Restrepo (1993), plantean resignificar y reconstruir permanentemente su ejercicio profesional, a través de la reflexión teórico-metodológica y ético-política de sus intervenciones, de tal forma, que conjuguen la reflexión, la acción y la transformación como relación inevitable para incidir en forma sistemática y coherente en la complejidad de las manifestaciones de la cuestión social de hoy.

Podemos concluir que la intervención profesional está condicionada por el sentido y el significado que estos profesionistas dan a su acción. De tal modo, que habría que cuestionar: qué tanto conocen lo que hacen y cómo lo hacen, cómo actúan en su labor cotidiana, de qué manera elaboran programas de trabajo, cómo imaginan la trascendencia de su labor profesional. Así mismo preguntarse, ¿Se plantean transformar su actuación, es decir reconfigurarla, haciendo a un lado la fundamentación de su práctica que se ha caracterizado por ser racionalizada, acrítica, descontextualizada, dogmática, operativa e instrumental? ¿Qué aprendizajes significativos nos deja la experiencia con la pandemia del COVID-19?

Todas estas interrogantes nos sirven profesionalmente para replantear nuestro papel en la sociedad como profesión vulnerable que hasta en años recientes al Trabajo Social se le ha considerado, junto con el magisterio y la enfermería, como “semiprofesiones” por la imagen social creada desde sus inicios profesionales (Etzioni y Wilensky, en Lorente, 2002:123), todas ellas identificadas con ocupaciones que no han completado su proceso de profesionalización, por tanto, requieren de la supervisión de una profesión con status superior. Esto ocurre debido a que la integración de las profesiones al escenario de la acción social (sea en el espacio público-estatal o público-social), incorpora el capital simbólico acumulado por las actividades domésticas, voluntarias y benéficas, e instala el símbolo de “la buena acción” para referirse a estas profesiones.

La intervención profesional del Trabajo Social ha sido cuestionada desde sus orígenes hasta la fecha, ésta se construye dentro del espacio donde se posiciona laboralmente, es el caso del campo de la salud donde aparece como una profesión subordinada en los distintos campos, específicamente en el de la salud y en el espacio hospitalario; en ese ámbito las trabajadoras sociales realizan una “función de apoyo” de las acciones médico-sanitarias, a través de programas integrados y nunca de acciones aisladas del todo de la institución de salud (Kissnerman,1987:121). 

BIBLIOGRAFÍA.

Galeana de la O, Silvia (2004): “Campos de acción del Trabajo Socia”l, en Manuel Sánchez

Rosado (compilador)  Manual de Trabajo Social, México, P Y V, pp. 139.

Kissnerman, Natalio (1998): Pensar el Trabajo Social: Una Introducción desde el Construccionismo, Editorial LUMEN-Humanitas,  Buenos Aires, Argentina.

Tello Peón Nelia. (2004). Trabajo social en algunos países, aportes para su comprensión, Estudios de opinión y participación A.C., México.

 Vélez Restrepo Olga Lucia, (2003). Reconfigurando el trabajo social, perspectivas y tendencias contemporáneas, Espacio, Argentina. Wallerstein Immanuel, (1991). Abrir las ciencias sociales, Siglo XXI-UNAM, México.

Dra. Marisela Rivera Montoya

maestra_uas@hotmail.com

  • Doctora en Trabajo Social con acentuación en sistemas de salud, por la UAS.
  • Maestría en Trabajo Social con Mención honorífica.
  • Licenciada en Trabajo Social.
  • Licenciada en Derecho.

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